Supertramp. «Babaji»

Mahavatar Babaji es el nombre con el que se conoce a un líder espiritual que vivió en las montañas de la India, junto a sus discípulos, durante la segunda mitad del siglo XIX y el primer tercio del XX; algunos han llegado a decir que es inmortal y que sigue conservando un aspecto aniñado. El músico Roger Hodgson, uno de los líderes de Supertramp, quiso dedicar una canción a este personaje, del que supo gracias al libro Autobiografía de un yogui (1946), en el que se incluyen relatos de supuestos encuentros entre este misterioso yogui -del que apenas se conocen datos biográficos- y sus seguidores. Aunque la autoría legal del tema «Babaji», probablemente por motivos contractuales, corresponde a la dupla Roger Hodgson / Rick Davies, algo habitual durante los años más creativos de la banda (1974-1977), lo cierto es que cada uno componía sus temas de manera independiente y apenas introducían algún pequeño cambio o realizaban alguna que otra sugerencia en las canciones ajenas. Rick Davies, influenciado por estilos como el jazz, el blues o el R&B, compuso, por ejemplo, «Goodbye Stranger», «Bloody Well Right» o «From Now On», entre otras. Mientras que Roger Hodgson aportó algunos de los temas más definitorios del estilo Supertramp, como «Breakfast in America», «Give a Little Bit», «The Logical Song», «It’s Rainning Again» o la recordada hoy: «Babaji»; es decir, canciones de pop-rock muy elaboradas con un sustrato de rock progresivo cercano al AOR. Al parecer, también fue el autor de las dos piezas más progresivas de la banda, mis preferidas: «School» y «Fool’s Overture». Tras la salida de Roger Hodgson, en 1983, Rick Davies continuó con Supertramp, aunque para muchos Hodgson siempre fue el alma de esta formación, el que más peso tuvo en el establecimiento de sus principales señas de identidad. Empezó tocando la guitarra, posteriormente sería desplazado al bajo, volvió a la guitarra y acabó tocando los teclados, al igual que Davies; también se repartió con él la interpretación vocal del repertorio, haciendo gala de ese timbre agudo tan característico que acompañaba a sus trascendentales y filosóficas composiciones, como la protagonista de hoy, «Babaji», incluida en uno de los mejores trabajos de los británicos: «Even in the Quietest Moments» (1977), con esa conocidísima portada que fotografiaron, según se cuenta en Thelogicalweb, simplemente colocando un piano cerca del estudio en el que se grababa el álbum, en las Montañas Rocosas, y esperando a que nevara.

Big Mama Thorton / Elvis Presley / Dirty Blues Band. «Hound Dog»

El nacimiento del R&R tuvo que ser algo grande: la juventud en plena efervescencia, blancos haciendo música de negros y negros copiando patrones musicales procedentes del country más tradicional, bailes alocados, pelos, vestimentas y canciones desenfadadas, y un tipo que movía las caderas con toda la lascivia que podía o que le permitía la puritana sociedad de aquella época. Si hay una canción que simboliza la primera etapa artística de Elvis Presley, aquella que le llevó a ser un fenómeno de masas, adorado y odiado a partes iguales, esa es «Hound Dog», una de las preferidas para dar rienda suelta a su mensaje rebelde y provocador, y con la que conseguía un sensual movimiento pélvico más propio de un diablo que de un joven cristiano temeroso de Dios. Publicó este tema en 1956, sin embargo ya contaba con un buen número de versiones, eso sí la mayoría orientadas hacia el blues o el country; fue compuesto en 1952 (publicado en 1953) por Jerry Leiber y Mike Stoller para la cantante de blues Willie Mae «Big Mama» Thorton. La letra, como era habitual en muchas canciones de blues, jugaba con el argot, los dobles sentidos y la componente sexual; estaba pensada para una mujer que hablaba despectivamente de un «perro de caza», un hombre que engaña a su esposa, tal vez un gigoló al que trataba de expulsar de su lado. «Hound Dog» fue la canción más exitosa de Big Mama Thorton, una cantante que no gozó de una carrera musical excesivamente reconocida. En 1955 Freddie Bell & The Bellboys prepararon una versión un tanto diferente, algo más alejada del blues inicial de Big Mama y con un ritmo más acelerado; ésta, y no la original, es la que Elvis tomó como referencia para su conocidísima adaptación, con un cambio en la letra que incrementaba su leyenda de «chico malo». Por lo tanto, existen versiones de blues o country al modo Big Mama, como las de Little Esther, Jack Turner, Billy Star, Eddie Hazelwood, Betsy Gay, Tommy Duncan and The Miller Bros, Cleve Jackson, Etta James, Jimi Hendrix o Eric Clapton; otras versionan a Elvis: Gene Vincent, The Surfaris, Little Richard, Jerry Lee Lewis, Chubby Checker, Carl Perkins, Van Morrison o John Lennon; y hay dos, según he podido leer, que deben ser francamente interesantes, las de Vanilla Fudge y The Mothers of Invention, aunque no he logrado localizarlas. Para la tercera vesión destacada os propongo el blues-rock de la Dirty Blues Band, grupo de vida breve, formado en torno a Rod Piazza a mediados de los sesenta.

Etta James. «At Last»

Cadillac Records” (2008) es una película que narra la historia de la compañía discográfica Chess; creada en 1950 por los hermanos Leonard y Phil Chess, fue fundamental para el desarrollo del blues, del R&B y del incipiente R&R. Por la Chess pasaron artistas como Muddy Waters, Chuck Berry, Willie Dixon, Howlin’ Wolf, Bo Diddley, Gene Ammons o Jimmy Rogers, por mencionar sólo algunos nombres; y también Etta James que, en la película mencionada líneas arriba, tuvo un papel protagonista de la mano de Beyoncé Knowles. Según nos cuenta la amiga Marta, en la imprescindible web We Are Rock, tuvo una dura infancia, con padres de acogida que trataron de explotar su talento en coros gospel cuando apenas contaba con cinco años de edad. Con catorce inició su carrera en el grupo The Peaches y, cuando éste se disolvió, continuó en solitario. En 1960 firmó con la Chess Records; comienza así la etapa más brillante en la carrera de Etta, tan solo ensombrecida por sus problemas con la heroína y el alcohol, su costumbre de utilizar cheques falsos y su tendencia a la obesidad. A partir de los años setenta puso su extraordinaria voz a proyectos musicales en los que trató de fusionar el blues y el soul con otros ritmos como el rock o el funk. Falleció el 20 de enero de 2012. Etta James es una de las grandes voces que ha dado la música, tal vez menos valorada o con menos éxito que otras divas del soul, como Aretha Franklin. Era capaz de cantar casi cualquier cosa, sin embargo a mí me cautiva su manera de interpretar las baladas, precisamente el estilo con el que se dio a conocer en los años sesenta. Su primer álbum se tituló “At Last!” (1960), y contenía canciones como “A Sunday Kind of Love”, “Stormy Weather”, “My Dearest Darling” y, por supuesto, el tema titulado igual que el disco, que fue compuesto por Mack Gordon y Harry Warren para la película musical “Viudas del Jazz” (1942) y utilizado en el largometraje “Tu serás mi marido” (1941), gracias a los arreglos de la Glenn Miller Orchestra. Sin embargo, la versión más conocida es la de Etta James; es ella quien saca mejor partido a esta historia de amor que volvió a poner de moda Beyoncé cuando la interpretó al recoger el premio Grammy recibido por su interpretación de Etta James en “Cadillac Records” y, también, cuando la cantó ante el matrimonio Obama durante la gala en la que se celebró la toma de posesión como presidente de los Estados Unidos.

Las Cinco Canciones de Alex (V): «May the Living Be Dead (In Our Wake)» (Flogging Molly)

Alex ha querido terminar esta semana al ritmo punk celta, con la banda Flogging Molly, en concreto con el tema «May the Living Be Dead (In Our Wake)», que él ha subtitulado como «Cuchería» (ya veréis por qué). Hoy la protagonista es su hija, no os perdáis esta entrañable historia, en la que podréis disfrutar viendo como se derrite un rockero. Antes de dar la palabra al autor de Rocktelegram, me gustaría darle las gracias por haber querido participar de esta iniciativa y por la buena semana que nos ha hecho pasar con sus canciones y sus recuerdos. Nos seguimos leyendo, amigo. Un fuerte abrazo.

Os recuerdo que esta sección está abierta a todos los amigos/as que deseéis participar en ella; si queréis enviar vuestras cinco canciones, con sus recuerdos respectivos, lo podéis hacer mandando un correo a la siguiente dirección: raulrn@wanadoo.es o contactar a través de twitter (@guitarmuses).

«¿Las canciones cambian la vida? No lo sé, la verdad, pero lo cierto es que son una compañía muy especial en determinados momentos y como perlas de memoria son, en muchas ocasiones, infalibles. Y es el caso de este tema de los Flogging Molly, una banda de punk-celta que me encanta, dignos sucesores de mis amados Pogues, que atesora recuerdos absolutamente preciosos para mí, aunque sea una banda que he descubierto hace relativamente poco tiempo.

Y es que los recuerdos que adornan esta canción se construyeron hace también muy poco. Me explico:

Tengo una preciosa hija que tiene ahora cuatro años. Se llama Aldara y cuando tenía dos añitos era el encargado de despertarla, asearla y vestirla, darle el desayuno y llevarla a la guardería. Durante su primer año, los primeros días, como suele pasar, no iba demasiado convencida, de modo que para distraerla un poco le ponía música en el coche. Dio la casualidad de que esos días llevaba en el reproductor de CD’s el disco Drunken Lullabies de los Flogging Molly y ella se enganchó al tema What’s Left of the Flag?, que acabo pidiéndome como “boys”, porque en efecto en el estribillo se repite varias veces: walk away me boys…

Poco a poco le fui introduciendo la siguiente canción que es la que nos ocupa, May the Living Be Dead (In Our Wake); y un buen día la monto en el coche y me dice con su media lengua “cuchería”, así, como suena… Ni idea. Me volvía loco tratando de saber qué quería y ella me lo repetía una y otra vez. Frustrado por no entenderla, desistí y le di al play a ver si se le olvidaba la cosa. De pronto a ella se le ilumina la cara y asintiendo con una sonrisa perfecta me dice: “¡¡Cuchería!!” En efecto, lo que sonaba era su canción favorita, que para mí siempre tendrá ese curioso nombre, con perdón de los Flogging, y que no tengo ni idea de dónde se lo sacó mi pequeña. Desde entonces todos los días me pedía “cuchería” y los dos nos íbamos felices a la guarde a ritmo de punk-celta… Todavía hoy la llama así y me la pide de vez en cuando…

¿Es o no un recuerdo precioso?»

 

Las Cinco Canciones de Alex (IV): «White Queen» (Queen)

Todo el que ha estado alguna vez enamorado y ha vivido, y padecido, ese amor en la distancia se identificará rápidamente con este relato de Alex. Esas sensaciones contrapuestas, de alegría por lo que tienes y de tristeza por lo que dejas, sin saber muy bien cuándo te volverás a reencontrar con tu amado/a. Los medios de transporte siempre son testigos cómplices de nuestros sentimientos; ellos te llevan hasta la persona que quieres, pero también te alejan en el momento más inoportuno, dejándote sólo con la música como única y fiel compañera. «White Queen» forma parte del segundo álbum de los británicos Queen («Queen II», 1974) y fue escrita por el guitarrista Brian May; en su grabación, tal y como él mismo ha explicado, utilizó una guitarra Hairfred que tenía desde su infancia, con ella conseguía un sonido distorsionado que, por momentos,  recordaba al del sitar. Alex ha querido titular esta entrada como «White Queen, el amor llama a la puerta». Prestemos atención a su relato.

«Queen son mi ‘otra’ banda favorita. La primera canción que escuché de ellos fue Play the Game en Aplauso y me quedé atrapado por ella. Con el tiempo y mucho esfuerzo (las cosas no eran tan fáciles de encontrar entonces y menos en un pueblo pequeño), descubrí las maravillas de sus discos anteriores y la fascinación por ellos, que hasta hoy me dura, fue inevitable.

Escoger White Queen, una preciosa canción en la que Freddie casi hacía que se me saltasen las lágrimas, no es casual, claro…

Corría 1988 y yo estaba en mi primer año en la universidad; durante las vacaciones de Semana Santa, la que había sido hasta entonces una amiga de la panda se convirtió en algo más, mucho más, de hecho ese ‘más’ dura hasta hoy, que es mi mujer.

Terminadas aquellas vacaciones ella se quedaba en el pueblo y yo me marchaba muy lejos, tanto que estaría tres meses sin verla, una eternidad. Me monté en el tren con una mezcla de sentimientos imposible: por un lado la alegría de saberme escogido por ella, por otro, la tristeza de dejarla atrás tan pronto. Cuando el tren llevaba ya unos kilómetros de monótona marcha, en un gesto habitual, me calé los auriculares de mis walkman y empezó a sonar lo que llevaba puesto en aquel momento, que no era otra cosa que White Queen. Desde entonces esa canción es SU canción, hito y testigo de un antes y un después en mi vida.

Cómo no citarla…»