Curtis Mayfield, nacido en Chicago en 1942 y fallecido en Atlanta en 1999, fue una de las grandes figuras del soul, de las más comprometidas en la lucha por los derechos civiles de la comunidad afroamericana, siempre alineado con todos los desfavorecidos y golpeados por la sociedad. Sus canciones rebosan delicadeza, alegría y sentido de la hermandad. En 1957, junto a Jerry Buttler, formó el grupo góspel The Roosters, que acabó llamándose Jerry Buttler & The Impressions. Con el paso de los años la figura de Curtis Mayfield fue afianzándose, sobre todo como compositor, hasta que en 1970 decidió iniciar su carrera en solitario. El estilo de los Impressions era una mezcla de soul, doo-wop y góspel, con las armonías vocales como protagonistas. Con este grupo grabó canciones como “For Your Precius Love”, “Gypsy Woman”, “It’s All Right”, “Keep on Pushing”, “Amen” o la melodía protagonista de esta entrada, “People Get Ready”, un tema de fuerte inspiración religiosa, con reminiscencias góspel, que Mayfield compuso a partir de los sermones que recibía en su iglesia y de su propia educación como creyente. Este tema nos habla de un tren en dirección a Jordania que va recogiendo pasajeros de costa a costa, personas sin equipaje que son conducidos a la salvación gracias a Dios y a la Fe, un tren donde no hay lugar para los pecadores sin esperanza. No es casual que Curtis Mayfield utilice el tren como recurso metafórico; conviene recordar –así lo hicimos hace un par de años, a propósito del tema “Wade in the Water”- que “ferrocarril subterráneo” fue el término que se empleó para designar la red de hogares clandestinos organizada para ayudar a escapar a los esclavos negros durante el siglo XIX en su huida hacia Canadá. “People Get Ready” parece un canto a la libertad del pueblo afroamericano, en el que Mayfield utiliza la religión, la tradición antiesclavista y la alegría como elementos imprescindibles para transmitir su mensaje. Debe haber más de ciento cincuenta versiones; os dejo enlace a las de Aretha Franklin, Al Green, Dione Warwick, Glen Campbell, Johnny Rivers, Bob Dylan, George Benson, The Staple Singers, The Blind Boys of Alabama, The Housemartins, Jeff Beck y Rod Stewart, Jeff Beck y Joss Stone, John Mayer, Phil Collins, Greg Lake, Bob Marley (en concreto el tema “One Love”, que es una adaptación del que nos ocupa) y Glen Hansard. Como alternativas destacadas al original de The Impressions, tenéis una bien singular, la de Vanilla Fudge, irreconocible hasta la entrada del órgano en el minuto 1:45 aproximadamente; y la de la cantante estadounidense Eva Cassidy, una artista que era única haciendo versiones.
Vídeos
Las Cinco Canciones de Nostromo (V): “Teddy Picker» (Arctic Monkeys)
La entrada de hoy, la última de las cinco que ha elegido Nostromo, es «Teddy Picker», de la banda británica Arctic Monkeys, creada en el año 2002 y aún en activo. Esta vez, Nostromo reflexiona sobre lo difícil que es incorporarse a los gustos musicales de una generación que no es la tuya hasta que alguien te descubre a los Arctic Monkeys. He de deciros que es una sensación maravillosa, yo la tengo a menudo, cuando los amigos blogueros me presentáis artistas y grupos actuales que, a lo mejor, en otras circunstancias, jamás hubiera conocido. Por eso, quiero aprovechar para dar las gracias a todos los blogs que seleccionan lo mejor de la música actual, rescatando la excelencia del pozo de la mediocridad
¡Qué gran semana, Nostromo! Muchísimas gracias por todo lo que nos has dado, por querer compartir con nosotros tus vivencias y tu sabiduría, y por reivindicar la música como herramienta de comunicación. Nos seguimos leyendo. Al resto, os recuerdo que el blog de Nostromo es Musicae Memorandum; y que, si os animáis a enviar vuestras canciones, lo podéis hacer por correo electrónico (raulrn@wanadoo.es) o por twitter (@guitarmuses).
«Último desafío, si me he puesto pesao perdonadme, la culpa siempre de Raúl, yo solo puedo agradecer de nuevo, a él y al respetable, la oportunidad de poder disfrutar de este viaje de cinco etapas por estos lares.
Llegado a este punto, me doy cuenta de que he pasado por encima de un montón de canciones de mi vida; evoco a aquel Ted Nugent de la casa del «poblao», recuerdo a mis Leño por la nacional de Andalucía camino de Tenerife, añoro al Hilario Camacho de mi época de estudiante, sonrío cuando escucho Shout de aquellas noches de verano, bailo con B’52 como si estuviera en el Tene, canturreo Fiesta pagana como de ídem con mis Honderos,… son muchas las que me llenan de orgullo y satisfacción como diría aquel, buenas o malas eso lo de menos.
En los inicios del siglo XXI, el que suscribe estaba bastante desconectado de la música por poderosas razones, andaba perdido en el panorama musical al 95% 😉, siempre escuchaba lo mismo. Intentaba volver a enchufarme pero no me enganchaba con nada, me faltaba esa adaptación necesaria para oír las nuevas tendencias, para comprender a aquel Indie, me irritaban los triunfitos y la invasión de la «música feliz» con sus ritmos comerciales y bailongos.
Hasta que un día entablé una interesada conversación con un compañero de trabajo, un chaval de nuevo ingreso de los que presumen de modernos, una víctima propiciatoria además de buena gente. Me aconsejó varios grupos, creo recordar a los Black Keys y a los Strokes entre ellos, pero los que verdaderamente me impresionaron fueron estos Arctic Monkeys, me aferré a ellos como un náufrago a un salvavidas en altamar. Descubrir música volvía a tener sentido, fue la puerta entreabierta por la que me asomé a un flamante y desconocido horizonte sonoro.
El sonido sencillo y fresco de aquellos críos imberbes me gustó desde el primer momento, un grupo a la vieja usanza: guitarra, bajo y batería, sin florituras, repitiéndose el número mágico; cuatro, aunque esta vez venían de Sheffield. I Bet You Look Good on the Dancefloor y When the Sun Goes Down estaban recién salidas del horno, los rasgueos sucios a golpe de codo sonaban endemoniadamente bien ¿o era fruto de mi imaginación y de mi necesidad? Les seguí la pista, Alex Turner cada vez cantaba mejor a la par que el grupo iba evolucionando y madurando, llegaron: Fluorescent Adolescent (2007), Do I Wanna Know? y R U Mine? (2013). Este pasado abril publicaron Tranquility Base Hotel & Casino, al que he escuchado de pasada por las ondas prometiéndome hacerle más caso.
Teddy Picker es el tercer sencillo de su segundo álbum Favourite Worst Nightmare (2007), toda una gozada para animar el día. Una teddy picker es una maquinita de esas en las que con una pinza intentamos agarrar un juguete o un regalo de un caótico expositor previo pago de la moneda de rigor. La canción es una sátira hacia los métodos arbitrarios para crear famosos sin ninguna clase de criterio ni calidad, como la plaga de reality shows de Tv donde, casi siempre, todo es tan superficial, frívolo y elemental, atentando contra toda cultura y buen gusto. En mí el efecto fue el contrario, los Monos árticos me sacaron de la apatía musical, despertaron de nuevo en mí la inquietud de pensar que siempre hay cosas nuevas que merecen la pena casi tanto como las de toda la vida, dejémoslo así.
Besos y abrazos. El placer ha sido mío».
Las Cinco Canciones de Nostromo (IV): “Sr. Troncoso» (Triana)
A lo mejor lo he contado alguna vez, la primera cinta que me compré en mi vida fue «El Patio» de Triana. Calculo que tendría en torno a catorce años. Acostumbrado a mis grabaciones de la radio en cintas Belair y KDK (no confundir con TDK, que eran las buenas, tal y como nos contó Nostromo el martes), una cinta comprada era para mí como un tesoro. Me acuerdo perfectamente dónde la compré, en un lugar y en unas circunstancias bien singulares. Fue en el mercado de mi barrio, en una tienda pequeña que vendía bombillas y enchufes; en el mostrador tenían un cacharro de esos que giran, como los que había hasta hace poco en las gasolineras (bueno, me imagino que aún quedará alguno con «cedés»). Tuvo que ser en verano o en navidades porque trabaja allí mi hermana, que aprovechaba las vacaciones para ganar un dinerillo y, de paso, charlar y hacer relaciones públicas con todo el mercado; si yo tenía catorce años, ella debería tener doce … No sé cuándo, pero no mucho tiempo después me hice con el segundo trabajo de Triana, también en casete; de él nos habla Nostromo, en concreto del tema «Sr. Troncoso».
«No soy muy de flamenco o por lo menos eso es lo que pienso, aunque haciendo una ligera reflexión, me doy cuenta de que mis flirteos con él han sido más numerosos de los que en un principio creía, eso sí, siempre aderezado con rock o blues: Triana, Lole y Manuel, El último de la Fila, Medina Azahara, Veneno, Paco de Lucia, Alameda…
Para mí Triana es especial, si algún día tuviese que votar por la mejor banda española de todos los tiempos, seguro que estarían en mi hipotético pódium, lo que ya no sé es en qué altura. No solo por sus maravillosos tres primeros discos, ni por su rock «flamencoprogre», ni por su creatividad, ni por su fusión de estilos a la postre embrión del rock andaluz -con permiso de Smash-, a parte de todo eso por lo de siempre, por los recuerdos.
Nunca olvidaré los sonidos de El patio en la mañana de una lejana primavera, en aquella casa de estudiantes (eso ponía en mi DNI) de Los Carriles, recostado en el poyete de la escalera del ídem (patio), admirando un bucólico prado verde y sonando Todo es de color de Manuel Molina. Antes ya había hecho palmas sordas con Abre la puerta, disfrutado de la psicodelia de Sé de un lugar o tarareado la lisérgica En el lago.
Hijos Del Agobio (1977) es un álbum más denso y complicado, las cosas empezaban a irles bien, su primer disco rulaba sin apenas promoción, la agenda se iba apretando de conciertos y aprovechaban cualquier hueco para grabar. Un trabajo más progresivo, donde también se meten en política con gritos de libertad en una España que quería desperezarse. La que da nombre al Lp es quizás la más conocida, pero a mí la que más me emocionaba era Sr Troncoso.
Sr. Troncoso suena sencilla y agradable, inconfundible la voz de Jesús de la Rosa con sus guitarras acústicas y percusiones, más el añadido de una palmeada guitarra eléctrica de Antonio García de Diego tocando a lo Zeppelin. Es un canto a la esperanza para los malos momentos, un soplo de aire fresco cuando todo huele a podrido, una invitación a ver el interior de algo que no nos llama la atención, una canción triste, ¡sí!, sobre Leopoldo ‘el legía’, un hombre que a los palos de la vida les devolvía una sonrisa. Simple y llanamente entrañable.
P.D.- Ya estaba casi terminada esta publicación, cuando el amigo Raúl ha hecho lo propio sobre el Sr. Troncoso, casualidades de la blogosfera. Un post es como un hijo que debe de nacer, el del autor de esta impecable bitácora siempre será el primogénito 😉»
Las Cinco Canciones de Nostromo (III): “Free as a Bird» (The Beatles)
Al igual que la leyenda que envuelve al Cid Campeador, los Beatles han seguido ganando batallas después de su disolución. Nostromo nos cuenta hoy la historia de «Free as a Bird», una canción que no se publicó hasta 1995, cuando los Beatles llevaban un cuarto de siglo separados. Nuestro invitado de esta semana nos cuenta el papel que desempeñó Yoko Ono en esta historia y cómo fue la grabación de esta canción, podríamos decir que un tema bastardo en la discografía de los Beatles, que no ha sido recogido por Jean-Michel Guesdon y Philippe Margotin en su obra Todo sobre los Beatles. La historia de cada una de sus 211 canciones (Barcelona: Blume, 2015).
«Siempre he proclamado a los cuatro vientos mi condición de beatlemaníaco, fui, soy y seré toda mi vida (imagino que después también), o sea que no podían faltar a la cita. Mi canción preferida A Day in the Life, ya apareció en este santuario musical, por lo que estuve en la tesitura de no saber qué canción elegir; me entusiasman el 95% 😉 de ellas y el resto simplemente me gustan. ¿Qué cuento sobre quienes se han escrito ríos de tinta y eran más famosos que Jesucristo?, ¡ah, vale! todavía me quedan las vivencias personales.
Me engancharon por lo menos un lustro después de su separación gracias a un amigo de la pandilla, el avanzado musical típico que hay en todas las pandillas. A. Lobo de hecho dirige y presenta un reputado programa en Radio 3, también fue el culpable de inocularme el veneno de Bob Dylan en mi torrente sanguíneo. Cuando no sonaban unos, sonaba el otro, años de fanatismos y descubrimientos, como tantos y tantos chavales tampoco hay que darle mayor importancia.
Por eso me he inclinado por dos ‘rarezas’ con la simple pretensión de intentar sorprender a alguien. Sí, ya sé que esas ‘rarezas’ de los Beatles tampoco son tan desconocidas o por lo menos eso me dictan mis neuronas beat, pero merece la pena intentarlo.
Free as a Bird, salió a la venta como sencillo a finales de 1995, como parte de la promoción del lanzamiento del documental The Beatles Anthology y del extraño recopilatorio que le acompañaba. He de confesar que no lo compré, me horrorizan todos esos intentos de reflotar algo tan místico e irrepetible, como dirían ellos: «Let it be».
Pues sí ¡en 1995, veinticinco años después de su disolución y sin Lennon! Para ese proyecto, McCartney habló con Yoko Ono para ver si tenía grabaciones inéditas de su marido, la viuda respondió enviándole cuatro canciones en formato cassette. John había grabado una versión incompleta de Libre como un pájaro en 1977, las otras canciones contenidas en aquella cajita del señor Phillips eran: Grow Old With Me, Real Love y Now and Then. Ono, que no es santo de mi devoción, declaró en una entrevista: «Yo no quise separar a The Beatles, pero estuve en ese momento clave. Ahora tengo una ocasión de hacerles juntarse otra vez y la voy a aprovechar. Es como si el destino me la hubiera preparado».
Los tres exFab Four decidieron que Jeff Lynne -había trabajado ya con Harrison en Traveling Wilburys– fuera el productor y no el habitual George Martin con problemas de oído. En la cinta, Lennon cantaba y tocaba el piano, respetaron la idea básica del cantante y rellenaron pequeños espacios musicalmente. Algunos acordes fueron cambiados y el arreglo instrumental se alargó para incluir otras líneas con las voces de Paul y George.
El vídeo promocional fue dirigido por Joe Pytka y muestra, desde la perspectiva de un pájaro volando, referencias a otras canciones como: Penny Lane, A Day in the Life o Eleanor Rigby. Se dice que existen entre 80 y 100 alusiones a la historia, composiciones y letras de The Beatles. El pájaro no aparece nunca porque no se pusieron de acuerdo sobre qué clase de ave debería ser,… y yo con estos pelos.
Bueno y ahora una cosita sonrojante o graciosa, dependiendo de los oídos con que se mire o los ojos con que se escuche, también aparece en Anthology. Bésame mucho (Consuelo Velázquez, 1940) era parte del repertorio de la banda en Hamburgo, entró en el paquete de canciones del intento fallido por fichar por Decca Records cuando no eran nadie todavía. «Los grupos de tres guitarras y una batería tienen los días contados, así que The Beatles no tienen futuro», les dijeron».
Las Cinco Canciones de Nostromo (II): “I Shot The Sheriff ” (Eric Clapton)
En los procesos de aprendizaje siempre hay puntos de inflexión, momentos en los que te das cuenta que todo lo aprendido hasta ese momento no es nada en comparación con lo que aún te falta por comprender y asimilar. Cuando descubrí a Eric Clapton tuve esa sensación. Me enamoré de su música, de la que hacía en solitario y de la que hizo con bandas como John Mayall & the Bluesbreakers, Cream, Derek & The Dominos, Blind Faith, The Yardbirds o Delaney & Bonnie; sin embargo, me podía la impaciencia y la desesperación, no podía abarcar toda su obra sin un mínimo proceso lógico de digestión musical y, menos aún, el nuevo universo musical que estaba esperándome, el del blues y el blues-rock. Cuando escribí las cinco canciones de mi vida decidí dedicar la última («Wonderful Tonight«) a Eric Clapton, porque él me hizo ver y sentir la necesidad de valorar, escuchar y amar otros estilos musicales. Nostromo también ha querido acordarse de Eric Clapton, en concreto de su fabulosa versión de «I Shot the Sheriff», el conocido tema compuesto por Bob Marley, publicado por primera vez en 1973.
«Al principio de aceptar el reto de escribir en esta sección, no tenía ni idea de las canciones que iba a seleccionar, incluso dudé si las tendría por lo menos inéditas, porque servidor ya lleva un tiempo, con mayor o menor fortuna, dando la barrila en esto de los blogs musicales. Ya sé que no es una premisa lo de la exclusividad, pero me pareció lo más apropiado para este gran sitio de entretenimiento, aprendizaje y disfrute de la buena música. Mi sorpresa iba en aumento a medida que me venían a la memoria, han sido bastantes más de cinco, por lo que además tuve que someterlas a un agridulce descarte para elegir a las afortunadas, con la gran ventaja de que aquí puedo decir lo que me dé la gana (tranquilo Sr. Rodríguez).
Me considero un amante del blues, más bien de los sucedáneos del blues aunque tampoco hago ascos a su estado puro, el paso de los años me ha dado un cierto paladar auditivo y sus papilas me dictan que, por ejemplo, no hay mejor caldo para el espíritu que una escucha sosegada de B.B. King, Eric Clapton o Gary Moore, y si puede ser juntos, en esos bolos/conciertos por exigencias de mercado, mejor que mejor, algo ya desgraciadamente imposible por razones obvias. Afortunadamente todavía nos quedan testimonios para su degustación gracias a la bendita tecnología.
Mi segunda canción elegida es I Shot The Sheriff del álbum 461 Ocean Boulevard (1974), con la que me gustaría aprovechar para recordar a su verdadero autor jamaicano y rendir un pequeño homenaje a un maravilloso guitarrista que actualmente no pasa por sus mejores momentos. La versión de Clapton reconozco que no es el mejor ejemplo para mi anterior fraseo sobre el blues, pero su mezcla de reggae y recuerdos, hacen un todo que solo Slowhand es capaz de conseguir en mí.
Resulta que hace ya demasiados años, conseguí una cinta TDK con recopilaciones de este señor, poseía un sonido estupendo, un regalo para mi adorada pletina Grundig, le sacaba todos los sonidos limpios que se le podían sacar y aquello sonaba de maravilla. Eran tiempos de mi primer trabajo, a las 5:30 de la mañana pasaban a recogerme los compañeros en un Renault 10 ¿o era 8?, da igual era solo cuestión de faros, con mi estimado «colegui» Antonio al volante, un buen tipo de guitarra y horteradas. Un día le regalé una copia de aquella cinta y le gustó tanto que después nos acompañó constantemente durante aquellas y otras horas intempestivas e inolvidables, Yo disparé al sheriff sonaba una vez tras otra, recuerdo que hasta fabricó un rudimentario altavoz que iba a los pies del copiloto. La magia de Eric le cautivó, va por él».