Jimmy Fontana. “Il Mondo”

“Durante el robo en la guarida de un jefe de la ‘ndrangheta, organización criminal de Calabria, se encuentra una estatua de plástico de la virgen llorando sangre. No hay explicación para este misterio, pero su poder enigmático volverá locos a todos aquellos directamente afectados por el evento” (Filmaffinity).

Ésta que acabáis de leer es la sinopsis que el portal Filmaffinity hace de la serie “Il Miracolo”, una coproducción franco-italiana, con las productoras ARTE, Kwaï, Sky Cinema y Wildside implicadas en este singular y atrevido proyecto. No es una serie para todos los públicos, ni para todos los gustos; abundan los silencios, las metáforas, el simbolismo y en ella se da más importancia a los personajes que a la propia trama, que apenas sirve de sustento para que comprendamos cómo puede afectar a las personas, y de qué diferentes maneras, el acontecimiento sobre el que pivota esta producción. Si disfrutáis más del desarrollo de las series que de su desenlace, si os gustó “The Leftovers”, no os perdáis “Il Miracolo”; al resto os diría que, al menos, le concedierais una oportunidad, aunque sólo sea para ver la intro de la serie y escuchar la maravillosa canción “Il Mondo”, de Jimmy Fontana, con su reflexión sobre el principio y el final de las cosas, y sobre la posibilidad que siempre tenemos para reengancharnos a la vida.

Jimmy Fontana (1934-2013), nacido Enrico Sbriccoli, es uno de los autores más destacados de la canción melódica italiana, aunque se inició en el jazz, tocando el contrabajo de manera autodidacta; Jimmy es, precisamente, un homenaje al saxofonista Jimmy Giuffré, mientras que el apellido Fontana parece que lo encontró al azar, en la guía telefónica. En los años sesenta decidió pasarse a la canción melódica; en 1961 participó en el Festival de San Remo y, en 1965, en la segunda edición de Un disco per l’estate, cantando “Il Mondo”. Sólo consiguió el quinto puesto, sin embargo fue el tema que más éxito tuvo y, a la larga, se convirtió en una de las melodías emblemáticas de la canción italiana. Los autores del tema fueron Jimmy Fontana, Lilli Greco y Carlo Pes, en la parte musical, mientras que Gianni Meccia fue el responsable del texto; los arreglos se deben a Ennio Morricone. Fue publicado en 1965, en un single cuya cara B estaba ocupada por la canción “Allora sì”. Hay muchas versiones de esa composición, véanse por ejemplo las de Gianni Morandi, Claudio Baglioni, Ornella Vanoni, Chiara Civello o Engelbert Humperdinck, tal vez la más conocida en inglés. Pero también las hay en otros idiomas: francés, croata, checo y, por supuesto, español; de hecho, “Il Mondo” tuvo mucho éxito en España (quizás tanto como en Italia), sobre todo a partir de que Jimmy Fontana hiciera su propia versión en castellano (aquí la podéis escuchar). Si tenéis curiosidad por conocer otras interpretaciones en nuestro idioma, aquí os dejo las de Los Mustang, Dyango, Sergio Dalma, Seguridad Social y Efecto Mariposa, aunque hay más.

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Derek & The Dominos / Eric Clapton / Wynton Marsalis con Eric Clapton. “Layla”

El grupo Derek & The Dominos fue creado en 1970 por Bobby Whitlock (teclados), Carl Radle (bajo), Jim Gordon (batería) y Eric Clapton (guitarra, voz), tras el paso de este último por bandas como Cream, Blind Faith y Delaney & Bonnie. En aquella época Eric Clapton estaba profundamente enamorado de Patti Boyd, la mujer de su amigo George Harrison, de tal manera que el único disco de estudio de esta formación, “Layla and Other Assorted Love Songs” (1970), se grabó bajo la obsesión de aquel amor; en la entrada que dedicamos al tema “Bell Bottom Blues”, incluido en este álbum, ya hablamos de aquel triángulo amoroso formado por Harrison, Clapton y Boyd. La canción más conocida de este doble Lp es “Layla”, compuesta por Eric Clapton y Jim Gordon prácticamente de manera separada, ya que la primera parte es debida al primero, con algún elemento prestado de la melodía de Albert King “As the Years Go Passing By”, mientras que la segunda, la del piano, es de Gordon, aunque también se ha dicho que en realidad es de Rita Coolidge, que entonces era novia de Jim Gordon. Sea como fuere, estamos ante una pieza única en la historia del rock, bellísima y de difícil ejecución (aquí tenéis un análisis musical de esta obra), como ha reconocido el propio Eric Clapton:

“Es una canción complicada, porque es una canción difícil de tocar en directo. Tienes que tener unos buenos músicos de acompañamiento para conseguir que funcionen todos los ingredientes pero, cuando consigues eso… Es difícil hacerlo con un cuarteto, por ejemplo, porque hay partes que tiene que tocar y cantar líneas totalmente opuestas, que es prácticamente imposible de hacer”.

En “Layla” hay dos guitarras solistas, la de Eric Clapton y la de Duane Allman (slide guitar); el guitarrista de la Allman Brothers Band se incorporó de manera casual cuando se estaba grabando el disco; Clapton y él congeniaron inmediatamente y se convirtieron en inseparables hasta la prematura muerte de Duane en octubre de 1971 (aquí comentábamos aquel trágico accidente), Eric lo definió como “el hermano musical que nunca tuve pero siempre deseé”. “Layla” está inspirada en La historia de Layla y Majnum, del poeta persa Nezami; en ella se narra la historia de una princesa obligada por su padre a casarse con una persona diferente del joven al que amaba; por supuesto, la otra fuente de inspiración fue su amada e inalcanzable Patti Boyd. Como habréis podido comprobar, en las tres versiones destacadas de hoy aparece Eric Clapton; la primera es la original de Derek & The Dominos, la segunda es la versión acústica incluida en su exitoso “Unplugged” (1992) y la tercera es un fabuloso directo de “Mano Lenta” con Wynton Marsalis (no empieza hasta el minuto 2:55). A poco que busquéis en internet os daréis cuenta de que Clapton ha interpretado en multitud de ocasiones este tema, solo o acompañado por músicos ilustres como Jeff Beck y Jimmy Page, The Allman Brothers Band o Mark Knopfler.

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Kansas. “Dust in the Wind”

Allá por marzo de 2015 os hablaba de Kansas, una de las mejores bandas que ha dado el rock sinfónico estadounidense. Fue creada a comienzos de los setenta y grabaron su primer álbum de estudio (“Kansas”) en 1974, ya con la formación que acabaría consolidándose como la clásica de este grupo: Kerry Livgren (guitarra, teclados), Steve Walsh (voz, teclados), Robby Steinhardt (violín, voz), Rich Williams (guitarra), Dave Hope (bajo) y Phil Ehart (batería). Entonces comentábamos que el sonido de Kansas -en el que destacan las guitarras, la voz solista, el violín y los arreglos sinfónicos- está influenciado por los grandes grupos británicos de rock progresivo, pero también tienen una herencia americana muy marcada, especialmente visible a través de elementos procedentes del hard rock, el blues-rock y el rock sureño, muy presentes en esta formación. A pesar de que la obra de Kansas es elaborada y compleja, algo especialmente notorio en sus primeros álbumes, estamos ante un grupo más conocido por las baladas y el rock melódico tipo AOR que por su faceta progresiva, al menos entre el público más numeroso. Esta situación ha sido propiciada, en gran medida, por dos canciones especialmente exitosas: “Carry On Way Ward Son”, incluida en su cuarto álbum de estudio (“Leftoverture”), del que ya nos hemos ocupado en la entrada que mencionaba líneas arriba, y “Dust in the Wind”, uno de los temas más reconocibles del rock, que formó parte del siguiente Lp: “Point of Know Return” (1977), un excelente trabajo de rock sinfónico -tal vez el mejor de Kansas, aquí tenéis una interesante reseña-, en el que esta canción es la excepción en cuanto a sonido y planteamiento musical.

Según ha manifestado su autor, el guitarrista Kerry Livgren, la música surgió al tratar de componer una línea de guitarra con la que aprender la tradicional técnica del fingerpicking; a su esposa le gustó, por lo que le sugirió a Kerry que escribiera una letra para esa melodía. El texto, una reflexión sobre el destino y la inevitabilidad de la muerte, con reminiscencias bíblicas, surgió tras la lectura de un libro de poesía nativa norteamericana, en el que se incluía la frase: “for all we are dust in the wind”. Pese a no ser algo habitual en esta banda, “Dust in the Wind” se grabó como melodía acústica con las guitarras sonando a la vez, así consiguieron un sonido reverberado que se mantiene a lo largo de toda la canción, acompañando a la voz solista y al característico solo de violín de esta inmortal melodía. Aquí os dejo una interpretación en directo de “Dust in the Wind” y, para finalizar, algunas versiones, en concreto las debidas a Scorpions, The Moody Blues y la violinista española Judith Mateo.

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Guillermo Portabales / Los Guaracheros de Oriente / Lone Star. “Al vaivén de mi carreta”

La guajira es un género musical nacido a partir de otro más antiguo, denominado punto cubano, que surgió en las regiones occidentales y centrales de Cuba en el siglo XVII; en él confluyeron elementos musicales africanos y sonidos procedentes de Andalucía y Canarias. En el siglo XVIII el punto cubano era conocido en España con el nombre de “punto de La Habana”, hacia la segunda mitad del siglo XIX fue incorporado al flamenco español a través del palo conocido como guajira. La guajira también fue utilizada en las zarzuelas, por ejemplo en “La Revoltosa” (1897) y, a finales del siglo XIX, empezó a formar parte de la música cubana. Quien refinó y popularizó este género, a partir de la década de 1930, fue el guitarrista y cantante cubano Guillermo Portabales; su estilo, conocido como “guajira de salón”, en el que predominaban las letras sobre campesinos y las melodías melancólicas y lánguidas, probablemente fuese más cercano al son y al bolero-son cubanos que a la guajira española del siglo XIX.

“Al vaivén de mi carreta” es una de las guajiras más conocidas de Guillermo Portabales. Fue compuesta por, el también cubano, Benito Antonio Fernández Ortiz, más conocido como Ñico Saquito (aquí tenéis su propia versión, un vídeo que va precedido de una breve semblanza biográfica de este personaje), creador de la agrupación musical Los Guaracheros del Oriente; si no estoy confundido, ya que el vídeo es equívoco, son los responsables de la segunda opción destacada de hoy. La letra de esta canción es un himno del campesinado cubano, habla de la vida de este colectivo y de la dureza de su trabajo cotidiano; la verdad es que varía un poco en función de la versión (Eliades Ochoa, Orquesta Aragón, Los Machucambos, Compay Segundo, Afro Cuban All Star, etc.), aunque abundan las de tipo social, protesta o reivindicativas. Un ejemplo de esto último lo tenemos en la melodía titulada “Basta Ya”, de los chilenos Quilapayun, publicada en el disco “Basta” (1969); en los títulos de crédito figura como compositor Atahualpa Yupanqui, aunque en realidad se trata de una adaptación del tema que nos ocupa, “Al vaivén de mi carreta”, con un añadido en la letra, más combativo, y una modificación de la canción en el último tramo. La tercera opción que proponemos es la del grupo de pop-rock español Lone Star, de quienes ya nos ocupamos a propósito del tema “Mi Calle”; fue publicada, en 1963, en un disco de cuatro canciones y, como podéis comprobar, es bien diferente de las interpretaciones habituales: más rápida y con un sonido eléctrico que, al menos a mí, me parece irresistible.

Deep Purple. “Strange Kind of Woman”

Deep Purple es una de las bandas habituales de este blog; a su etapa psicodélico-progresiva (los tres primeros álbumes) pertenecen las entradas dedicadas a los temas “Hey Joe”, “Anthem”, “River Deep-Mountain High”, “Hush”, “April” y “Help”, cuatro de ellos versiones de otros autores; y a la más gloriosa, la conocida como “Mark II” (los cuatro álbumes siguientes), los posts centrados en las canciones “Smoke on the Water”, “Higway Star” y “Child in Time”, las dos primeras pertenecientes al álbum “Machine Head” (1972) y la tercera integrada en “In Rock” (1970). Entre estos discos, fundamentales en la historia de Deep Purple, se publicó el titulado “Fireball” (1971), considerado inferior a los citados anteriormente tanto por la crítica, como por el público, incluso por los propios integrantes de la banda; es verdad que es uno de los discos preferidos del vocalista Ian Gillan, pero no es menos cierto que el teclista Jon Lord no ha sido muy elogioso con él, y menos aún el líder de la banda, el guitarrista Ritchie Blackmore, quien llegó a decir que lo grabaron en el peor momento, entre conciertos y giras: “sólo podíamos ponernos a trabajar cuando alguien caía enfermo” (consultado en Bianciotto, Jordi. Deep Purple. La Saga. Barcelona, Quarentena Ediciones, 2012). Para un fan de Deep Purple como yo, “Fireball” es un trabajo buenísimo, aunque quizás no me guste tanto la portada, en la que se puede ver a los cinco integrantes del grupo en el interior de una bola de fuego que, por momentos, parece un espermatozoide. Tiene canciones francamente interesantes, como “Fireball” (y su ruido de aire acondicionado al comienzo del tema), la desconcertante “Anyone’s Daughter” y su base folk-rock (por cierto, dio nombre a una banda que ya apareció por aquí hace tiempo), la psicodélica y maravillosa The Mule, con ese gran solo de batería de Ian Paice que aparece en las versiones en directo, o “Strange Kind of Woman”, nuestro tema de hoy, probablemente el más popular de este álbum junto con The Mule.

“Strange Kind of Woman” se publicó como single en 1970, antes de que saliera al mercado “Fireball”, de hecho, en la versión europea del álbum no aparece (en su lugar está la canción “Demon’s Eye”), sólo lo hizo en la que se preparó para EE.UU., Canadá y Japón. Según indican algunas fuentes, esta melodía inicialmente se iba a llamar “Prostitute”: “Se trataba de un amigo nuestro que se juntó con una mala mujer y fue una historia triste. Ellos se casaron y unos días después la señora murió” (Ian Gillan, consultado en Wikipedia); aunque el propio Gillan ha dado otra explicación, algo diferente y más compleja, que podéis leer aquí. El vídeo que preside esta entrada no recoge la versión de estudio incluida en “Fireball” (aquí tenéis el original), sino la que formó parte del mítico “Made in Japan” (1972); en ella se puede escuchar el clásico duelo guitarra-voz entre Blackmore y Gillan (a partir del minuto 5:38), que solían interpretar en directo. Si nunca lo habéis oído, os aconsejo que lo escuchéis y os concentréis para intentar averiguar cuándo entra la voz y cuándo la guitarra. Si os apetece presenciar el espectáculo con los músicos en acción, lo podéis ver en este vídeo de 1972 o en éste otro de 1973.

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