Deep Purple. “Strange Kind of Woman”

Deep Purple es una de las bandas habituales de este blog; a su etapa psicodélico-progresiva (los tres primeros álbumes) pertenecen las entradas dedicadas a los temas “Hey Joe”, “Anthem”, “River Deep-Mountain High”, “Hush”, “April” y “Help”, cuatro de ellos versiones de otros autores; y a la más gloriosa, la conocida como “Mark II” (los cuatro álbumes siguientes), los posts centrados en las canciones “Smoke on the Water”, “Higway Star” y “Child in Time”, las dos primeras pertenecientes al álbum “Machine Head” (1972) y la tercera integrada en “In Rock” (1970). Entre estos discos, fundamentales en la historia de Deep Purple, se publicó el titulado “Fireball” (1971), considerado inferior a los citados anteriormente tanto por la crítica, como por el público, incluso por los propios integrantes de la banda; es verdad que es uno de los discos preferidos del vocalista Ian Gillan, pero no es menos cierto que el teclista Jon Lord no ha sido muy elogioso con él, y menos aún el líder de la banda, el guitarrista Ritchie Blackmore, quien llegó a decir que lo grabaron en el peor momento, entre conciertos y giras: “sólo podíamos ponernos a trabajar cuando alguien caía enfermo” (consultado en Bianciotto, Jordi. Deep Purple. La Saga. Barcelona, Quarentena Ediciones, 2012). Para un fan de Deep Purple como yo, “Fireball” es un trabajo buenísimo, aunque quizás no me guste tanto la portada, en la que se puede ver a los cinco integrantes del grupo en el interior de una bola de fuego que, por momentos, parece un espermatozoide. Tiene canciones francamente interesantes, como “Fireball” (y su ruido de aire acondicionado al comienzo del tema), la desconcertante “Anyone’s Daughter” y su base folk-rock (por cierto, dio nombre a una banda que ya apareció por aquí hace tiempo), la psicodélica y maravillosa The Mule, con ese gran solo de batería de Ian Paice que aparece en las versiones en directo, o “Strange Kind of Woman”, nuestro tema de hoy, probablemente el más popular de este álbum junto con The Mule.

“Strange Kind of Woman” se publicó como single en 1970, antes de que saliera al mercado “Fireball”, de hecho, en la versión europea del álbum no aparece (en su lugar está la canción “Demon’s Eye”), sólo lo hizo en la que se preparó para EE.UU., Canadá y Japón. Según indican algunas fuentes, esta melodía inicialmente se iba a llamar “Prostitute”: “Se trataba de un amigo nuestro que se juntó con una mala mujer y fue una historia triste. Ellos se casaron y unos días después la señora murió” (Ian Gillan, consultado en Wikipedia); aunque el propio Gillan ha dado otra explicación, algo diferente y más compleja, que podéis leer aquí. El vídeo que preside esta entrada no recoge la versión de estudio incluida en “Fireball” (aquí tenéis el original), sino la que formó parte del mítico “Made in Japan” (1972); en ella se puede escuchar el clásico duelo guitarra-voz entre Blackmore y Gillan (a partir del minuto 5:38), que solían interpretar en directo. Si nunca lo habéis oído, os aconsejo que lo escuchéis y os concentréis para intentar averiguar cuándo entra la voz y cuándo la guitarra. Si os apetece presenciar el espectáculo con los músicos en acción, lo podéis ver en este vídeo de 1972 o en éste otro de 1973.

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Bo Diddley / Ronnie Hawkins & The Hawks / Quicksilver Messenger Service. “Who Do You Love?”

Bo Diddley, conocido como “The Originator”, es uno de los padres del R&R y de los que más han influido en las grandes estrellas del rock, aunque no sea tan popular como Chuck Berry, Little Richard o Elvis Presley. Nacido en 1928 como Otha Ellas Bates (cambió el nombre por el de Ellas McDaniel al irse a vivir con un prima de la madre), comenzó su afición por la música a una edad muy temprana, al parecer influenciado por el sonido de John Lee Hooker; aprendió a tocar la guitarra y el violín y, en 1951, ya se ganaba la vida tocando en las calles y en algunos clubs; grabó su primer sencillo, con los temas titulados “Bo Diddley” y “I’m a man”, en 1955 con la Checker Records de Chicago, una filial de la discográfica Chess Records. En noviembre de ese mismo año consiguió hacerse un hueco en el programa de televisión de Ed Sullivan, un lugar poco propicio para negros que hacían R&R. En 1958 publicó su primer Lp (“Bo Diddley”), en el que se recogieron doce canciones que ya habían sido publicadas como singles entre 1955 y 1958, algo así como una especie de grandes éxitos que todos los aficionados al rock deberían conocer; en él participaron músicos como Otis Spann (piano), Willie Dixon (bajo), Jody Williams (guitarra), The Moonglows o The Flamingos en los coros vocales, por citar sólo algunos.

A Bo Diddley se debe el estilo musical conocido como “Bo Diddley beat”, un ritmo sincopado que sería muy imitado en el ámbito del rock y el pop por todo tipo de artistas y grupos musicales, desde Buddy Holly a Guns N’ Roses pasando por David Bowie, Bruce Springsteen, Jefferson Airplane, The Rolling Stones, The Who, etc. También fue un pionero en incorporar mujeres a su banda, como las guitarristas Lady Bo y The Duchess; incluso inventó su propia guitarra, de forma rectangular, con la que consiguió ese inconfundible sonido basado en un ritmo repetitivo al modo de los ancestrales sonidos africanos, consiguiendo con un solo acorde que la guitarra se transformara en un instrumento de percusión. “Who Do You Love?” es uno de sus temas más representativos, fue publicado como sencillo en 1956 y posteriormente incluido en el álbum anteriormente mencionado; tal y como hay manifestado su biógrafo, George R. White, esta canción es “una impresionante muestra de braggadocio vudú … escalofriante, [con] voces oscuras y una letra inquietante, casi surrealista”. Una de las versiones más interesantes de esta canción es la de Ronnie Hawkins, grabada en 1963 con su grupo The Hawks, posteriormente conocidos como The Band. La tercera destacada pertenece a la banda estadounidense de rock psicodélico Quick Silver Messenger Service, una versión que acabó siendo de las habituales en sus directos. Si queréis escuchar alguna más, os recomiendo las de Santana, The Misunderstood, The Blues Project, The Woolies, The Doors, Tom Rush, UFO, Johnny Winter, The Morlocks o The Jesus and Mary Chain.

Photo of Bo DiddleyBo Diddley (1928-2008)

Pink Floyd. “Atom Heart Mother”

Atom Heart Mother” es el quinto álbum de estudio de Pink Floyd, un trabajo no excesivamente bien valorado incluso por los integrantes de la banda; David Gilmour lo calificó como “montón de basura”, Roger Waters dijo que no le importaba que “lo tiraran a la basura y nadie volviera a escucharlo” y Nick Mason, en su libro Dentro de Pink Floyd (Barcelona: Ma Non Troppo, 2007; págs. 107-112), habla de las dificultades técnicas que padecieron en la grabación de este disco, en su opinión claramente mejorable. A mí me parece un disco muy interesante, prácticamente el que hace de bisagra entre la etapa psicodélica y experimental de trabajos como “A Sauceful of Secrets” (1968) o “Ummagumma” (1969) y la progresiva que se inicia con “Meddle” (1971). Tal y como nos cuenta el batería Nick Mason en la monografía anteriormente citada, el título del álbum surgió en el último momento cuando, leyendo los periódicos de la tarde para buscar una idea, se encontraron con una noticia sobre una mujer que había dado a luz tras la implantación de un marcapasos. La inolvidable portada, con una vaca en mitad de un prado, fue un trabajo del grupo Hipgnosis, que inicialmente no gustó nada a los directivos de la compañía discográfica EMI. Los ingenieros de sonido fueron Peter Bown y Alan Parsons.

La cara B de este Lp contiene cinco temas: “If”, “Summer ‘68”, “Fat Old Sun” y “Alan’s Psychedelic Breakfast”; la cara A está ocupada por la suite homónima, de casi veinticuatro minutos de duración, el tema más largo de Pink Floyd después de “Shine On You Crazy Diamond”. Esta composición, con la que encabezamos nuestra entrada de hoy, era inicialmente una pieza que a veces tocaban en directo, por supuesto sin orquesta, titulada “The Amazing Pudding”. Según señala Nick Mason, la modificaron varias veces, aunque siempre que la intentaban grabar se bloqueaban; de ahí que decidieran entregar el tema a Ron Geesin tal y como estaba, para que le añadiera “cierto colorido orquestal y partes corales”. La grabación de esta suite fue muy complicada, debido a un sinfín de problemas técnicos derivados de la complejidad impuesta por los integrantes de Pink Floyd y por el propio arreglista, Ron Geesin. Éste último escribió las partituras orquestales y tenía que dirigir a los músicos de sesión contratados para la ocasión, un asunto que se transformó en pesadilla debido a las peticiones de Ron Geesin a la orquesta y al boicot que le hicieron los músicos, “reacios a que les dirigiera Ron, a quien consideraban perteneciente al mundo de la música rock”:

“Cuando Ron agitó su batuta con optimismo, ellos hicieron tanto alboroto como pudieron. Ron no sólo había escrito algunas partes técnicamente exigentes sino que además el fraseo que quería era inusual” (Nick Mason)

Uno puede entender que “Atom Heart Mother” pueda resultar algo decepcionante para un grupo tan exigente y perfeccionista como Pink Floyd; sin embargo, la mayoría de los mortales lo consideramos un disco buenísimo, en concreto la suite homónima, en mi opinión por varias razones: la orquesta y los coros finalmente quedaron muy bien y están bien integrados en el total de la obra; por su arriesgada apuesta experimental, concretada en unos efectos sonoros que fueron creados en una época en la que aún no existían los ordenadores para realizar esta tarea; por el meritorio trabajo de Roger Waters al bajo y Nick Mason a la batería, que consiguen poner orden y hacer inteligible una pieza tan compleja como ésta; por la manera con la que Richard Wright teje el tema con sus teclados, creando una atmósfera depresiva que no sé si el mismísimo Syd Barrett hubiera conseguido; y, finalmente, por la guitarra de David Gilmour, que parece sobrevolar la melodía, como si quisiera despegarse de ella, como si fuera un alma finalmente liberada de la opresión.

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Status Quo. “Whatever You Want”

A pesar de lo que puedan pensar los partidarios de las danzas populares y los bailes de salón, el rock también se baila y, de hecho, siempre se ha bailado, no hay más que ver a Elvis Presley en sus mejores años o esos vídeos en los que aparecen jóvenes de los años cincuenta y sesenta moviendo alocadamente el esqueleto al ritmo del R&R. Con la llegada del heavy metal apareció una nueva manera de acomodar el cuerpo a la música: el “air guitar”, es decir, un baile que consiste básicamente en tocar la guitarra pero sin guitarra; el fenómeno es tan popular que incluso existen certámenes y concursos en los que se premian estas habilidades. No es necesario que suena heavy metal para practicar air guitar, también se puede hacer con estilos limítrofes, como el hard rock, el blues-rock, el rock sureño, el rock urbano o el boogie rock, un estilo caracterizado por unas melodías alegres, bailables, repetitivas y con escaso margen para la improvisación. Así lo explicábamos en una entrada anterior dedicada al tema “Gerdundula”, uno de los más recordados de Status Quo, abanderados de este género y uno de los grupos preferidos para el air guitar por sus coreografías guitarreras, las piernas abiertas y esos característicos movimientos de cabeza y melena, tan imitados por todos sus seguidores.

Cuando en 1979 publicaban su duodécimo álbum de estudio, titulado “Whatever You Want”, ya eran un grupo de éxito. Este nuevo trabajo no fue una excepción; en apenas unos días fue certificado como Disco de Oro, y se llegaron a vender más de cien mil copias sólo en el Reino Unido. Tal vez no sea el mejor álbum de los ingleses, pero es divertido, marchoso y muy bailable; os recomiendo que lo escuchéis una mañana de esas que necesitáis un poco de ayuda para terminar de despertaros. “Whatever You Want” es un disco elaborado a partir de una base o sustrato de boogie rock, sobre el que se añade un poco de hard rock, otro poco de AOR-pop y mucho R&R. La canción más conocida de este Lp, y de las más representativas de Status Quo, es la titulada igual que el disco, compuesta por el guitarrista y vocalista Rick Parfitt y por el teclista Andy Bown; recordemos que los restantes miembros de la banda eran: Alan Lancaster (bajo, voz), Joyhn Coughan (batería) y el líder, Francis Rossi (voz, guitarra solista). Estamos ante uno de los temas mimados por las emisoras de radio, muy utilizado en programas de televisión y en anuncios publicitarios de todo tipo; aquí os dejo esta perla, un spot de la Lotería Primitiva española del que, a lo mejor, ya no os acordabais. Para que no acabéis la entrada con una sensación un tanto rara o confusa, os dejo un par de interpretaciones en directo de esta canción, una de 1984 y otra del año 2009.

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Jeff Wayne. “The Eve of the War”

La Guerra de los Mundos es una novela de ciencia ficción de H.G. Wells publicada en el año 1898. Probablemente sea el primer relato sobre una invasión extraterrestre a nuestro planeta, aunque además tiene una segunda lectura; algunos autores, como Miguel Uceda, entienden que la novela es una crítica al colonialismo europeo decimonónico:

“En Londres, el colonialismo era considerado un acto de patriotismo beneficioso para Inglaterra e incluso para los países conquistados, pues les acercaba al progreso, a la civilización, al orden británico y al cristianismo. Wells no compartía esta visión idílica y pueril del colonialismo, por eso en esta novela presenta a la civilización marciana técnicamente muy superior a la humana, la conquista a la tierra se puede identificar como una conquista de un territorio cuyos moradores viven en el paleolítico. Londres, la orgullosa cabeza del imperio británico, sucumbe rápidamente sin que el ejército, ni la ciencia o el ingenio humano pueda hacer nada para frenar el avance enemigo (…) esta novela fue un golpe contra la mentalidad de sus coetáneos, ya que presenta al colonialismo no desde la prepotencia del ejercito vencedor, sino visto desde la sociedad que se ve conquistada, sus valores y su propia autoestima aniquilados”.

Esta obra fue adaptada para un programa radiofónico titulado “The Mercury Theatre on the Air”, que dirigía Orson Welles cuando tenía veintitrés años. La emisión se produjo el 30 de octubre de 1938, a las nueve de la mañana, en un especial de Halloween. La narración de Orson Welles duró prácticamente una hora, en concreto cincuenta y nueve minutos que sembraron el desconcierto y el terror entre la población estadounidense; a pesar de que avisaron de que aquello era una dramatización, muchos oyentes que se incorporaron a mitad del episodio pensaron que era real la invasión alienígena que allí se narraba. La Guerra de los Mundos también se ha llevado al cine, por ejemplo en 1953 ó, más recientemente, en 2005, en una película dirigida por Steven Spielberg. Y también dispone de una obra musical, en la que se adaptó la novela de H.G. Wells a través de un álbum conceptual que podríamos englobar dentro del rock sinfónico, con un estilo que recuerda un poco al de Alan Parsons Project. La composición y producción corrió a cargo de Jeff Wayne, un músico especializado en sintonías televisivas y publicitarias; la parte musical fue encomendada a solventes músicos de estudio y la parte vocal (narraciones y fragmentos cantados) a artistas como Justin Hayward (Moody Blues), Chris Thompson (Manfred Mann’s Earth Band), Julie Covington, Phil Lynnot (Thin Lizzy), David Essex o el actor Richard Burton. Este álbum contiene dos discos que, de manera aproximada, se corresponden a la estructura marcada en la obra literaria de Wells: la llegada de los invasores marcianos y la Tierra bajo el control de los alienígenas. Fue un gran éxito de ventas y, desde el año 1978 en que fue publicado por primera vez, ha dado lugar a giras con actuaciones en directo, todo tipo de versiones y ediciones, DVDs, videojuegos, etc. El álbum comienza con el tema titulado “The Eve of the War”, cuya melodía será la que nos acompañe, a modo de hilo conductor, durante toda la obra (aquí podéis escuchar este álbum de manera íntegra). La invasión ha comenzado.

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