Iceberg. «La Flamenca Eléctrica»

El rock progresivo que se hizo en España durante la década de los setenta es, en líneas generales, el gran desconocido de nuestra música popular, a pesar de su innegable calidad y del enjambre de músicos y grupos que conformaron este colectivo; véase sin ir más lejos el texto de Antonio José Barroso Rivera*, una herramienta fundamental para todo aquel que desee zambullirse en este asunto. La mayor parte de estas bandas publicaron, en el mejor de los casos, uno o dos álbumes, otras veces sólo singles y, a menudo, ni siquiera llegaron a comercializar ninguno de sus materiales. Iceberg, el grupo protagonista de esta entrada, fue una excepción puesto que publicó cinco Lps y gozó del favor del público, incluso –según he podido leer– llegó a tocar en el popular concurso de televisión «Un, dos, tres… responda otra vez» (lástima que no haya podido encontrar el vídeo …) Bien podría decirse que forman parte de la segunda generación del rock progresivo catalán, los que tomaron el testigo de bandas como Pan y Regaliz, Evolution, Maquina!, OM, Tapiman, Pau Riba, Música Dispersa o Fusioon. Iceberg estuvo activo entre 1975 y 1979; buena parte de los músicos que fundaron esta banda lo hicieron cuando trabajaban a las órdenes de Tony Ronald o de Luis Aguilé; el quinteto inicial estaba formado por Max Sunyer (guitarra), Josep Mas «Kitflus» (teclados), Primi Sancho (bajo), Jordi Colomer (batería) y Ángel Riba (voz, saxo y guitarra rítmica). Con esta formación grabaron su primer disco, «Tutankhamon» (1975); el siguiente («Coses Nostres«, 1976) fue totalmente instrumental; el tercero («Sentiments», 1977) ya se grabó como cuarteto, al abandonar el vocalista Ángel Riba; los dos últimos discos fueron «En Directe» (1978) y «Arc-en-ciel» (1979). Kitflus se fue con Serrat –de esta colaboración ya hemos dado cuenta en otra ocasión– y Max Sunyer, tal y como él mismo ha señalado,

«estaba [ya] harto de tirar del carro (…) Necesitábamos ideas nuevas, nuevas posibilidades y en cambio sentíamos que nos repetíamos. Si os fijáis en el último disco de Iceberg, la mayoría de los temas los compuse yo»**.

En 1982, Max Sunyer y Kitflus volverían a unirse para crear otra excelente banda: Pegasus, aún más volcada hacia el jazz que Iceberg. El tema que he elegido para presentar a este gran grupo es «La Flamenca Eléctrica», perteneciente a su Lp «Coses Nostres«, un disco que comenzaba con «Prelui i Record«, la sintonía del magacín televisivo Popgrama (1977-1981). En mi opinión, «La Flamenca Eléctrica» representa muy bien lo que fue el estilo de esta banda: un rock progresivo de extraordinaria calidad, volcado hacia el jazz-rock, con influencias de bandas como la Mahavishnu Orchestra o Weather Report. Uno por uno, cada uno de los músicos representan a lo mejor del rock y el jazz-rock hecho en España, en especial Max Sunyer, un guitarrista con una técnica, una sensibilidad y un gusto musical a la altura de los mejores en su estilo, véase John McLaughlin, Pat Metheny, Al Dimeola, Larry Coryell o John Scofield.

* Barroso Rivera, Antonio José. Enciclopedia de la música progresiva en España. 2002, y aún … una Odisea. Castellar de la Frontera: Castellarte, 2007.
** Consultado en: Gómez-Font, Álex. Barcelona, del rock progresivo a la música layetana y Zeleste. Lleida: Milenio, 2011, pág. 133.

Hot Tuna. «Keep On Truckin»

Hot Tuna es una banda californiana, aún en activo, creada en 1969 como proyecto paralelo de Jefferson Airplane. Sus fundadores fueron Jorma Kaukonen (guitarra, voz) y Jack Casady (bajo, voz) que, como divertimento, comenzaron a realizar actuaciones en directo cuando su calendario de giras con Jefferson Airplane lo permitía. A ellos se unió Will Scarlett (armónica) y, de esta manera, en formato trío, grabaron su primer disco («Hot Tuna», 1970) con temas tocados en vivo, melodías tradicionales americanas, canciones compuestas por Jelly Roll Morton, por el reverendo Gary Davis y temas del propio Kaukonen. La idea inicial de Hot Tuna era poder expresar en directo lo que no podían hacer en una banda de rock psicodélico como Jefferson Airplane: un blues acústico, impregnado de folk y country, con unas gotitas de esencia psicodélica. A estas actuaciones en locales, entre finales de los sesenta y principios de los setenta, se sumaron otros músicos como el batería Sammy Piazz, el violinista Papa John Crach y otros compañeros de Jefferson Airplane. El siguiente disco se tituló «Firs Pull Up, The Pull Down» (1971) y el tercero «Burgers«, publicado el mismo año en el que la banda madre se disolvía. Con los siguientes discos el sonido de Hot Tuna se fue electrificando y endureciendo, hacia estilos como el blues-rock y el hard rock. «Keep on Truckin'» es un tema tradicional que tuvo su primera grabación en 1936, bajo el título de «Trackin’ My Blues Away«, a cargo del bluesman Blind Boy Fuller, y algunas más a lo largo de la década de los sesenta, como las de Baby Tate, Mance Lipscomb o Donovan, ésta última publicada en su primer álbum («What’s Bin Did and What’s Bind Hid», 1965). Volviendo a Hot Tuna, ésta es la grabación de estudio que hicieron de este tema, la incluida en su Lp «Burgers«; sin embargo, he preferido encabezar esta entrada con una excelente interpretación en directo, de 1988, en el Fillmore Auditorium de San Francisco; en el vídeo podemos ver, de izquierda a derecha, si no me equivoco, a Papa John Creach y, sentados, a Paul Kantner (guitarra), Jack Casady (bajo) y Jorma Kaukonen (guitarra).

Cat Stevens. «Lady D’Arbanville»

Patty D’Arbanville es una actriz y modelo neoyorquina, nacida en 1951 que, con apenas ocho años, había actuado en una película realizada por aficionados; con trece, fue descubierta por Andy Warhol e incluida como actriz en su película «Flesh» (1968); y antes de los dieciséis ya recorría el mundo como groupie. En una de las habituales fiestas que se celebraban en Londres, con músicos como Steve Winwood, Ginger Baker, Eric Clapton o Jimmy Page, conoció a Cat Stevens, que finalizaba su período de convalecencia tras una tuberculosis que contrajo en 1968. Cat y Patty comenzaron a salir, incluso ella lo acompañó a sus giras durante un tiempo pero, cuando él quiso formalizar la relación, Patty le rechazó y regresó a Nueva York; allí, al cabo de unos meses, escuchó atónita una canción titulada «Lady D’Arbanville, que hablaba de su propia muerte. Esta melodía fue escrita por Cat Stevens como respuesta a aquel desengaño amoroso, en ella nos habla de la fuerza del amor, incluso tras la muerte de la persona amada, probablemente como metáfora de un amor imposible o llegado a su fin. Con anterioridad a estos acontecimientos, Steven Demetre Georgiou, este londinense hijo de madre sueca y padre greco-chipriota, conocido con el nombre artístico de Cat Stevens, ya había grabado dos álbumes («Matthew and Son», 1967 y «New Masters», 1967) en plena efervescencia de la British Invasion, sin embargo no se sentía del todo a gusto con la imagen pop que transmitía, ni con la música que hacía. De modo que trató de dar un giro a su carrera con algunos cambios en su estilo; en un tono más acústico, más folk-rock, grabó «Mona Bone Jakon«, disco publicado en 1970, en el que intervinieron músicos como Alun Davies, John Ryan o Peter Gabriel, que contribuyó con la flauta en la canción que lleva por título «Katmandu«. Este álbum comenzaba con «Lady D’Arbanville», tema que fue lanzado primero como single y que, de algún modo, fue el inicio del éxito de Cat Stevens, consolidado con trabajos que vendrían después como «Tea for the Tillerman» (1970), «Teaser and the Firecat» (1971), «Catch Bull at Four» (1972) y alguno más. En 1978 se convirtió al Islam, dejando de ser Cat Stevens para tomar el nombre de Yusuf Islam.

The Beatles / Circus / Tangerine Dream. «Norwegian Wood»

«Rubber Soul» (1965) es el sexto álbum de estudio de los Beatles, un excelente trabajo que, gracias a las influencias procedentes del folk y del folk-rock, principalmente de Bob Dylan, al que conocieron en 1964, supuso el final de su primera etapa, caracterizada por los sonidos pop y los planteamientos alegres y desenfadados. Con «Rubber Soul» las letras empiezan a ser más introspectivas, incluso pesimistas, y más crípticas; se incorporan nuevos sonidos, nuevos instrumentos, nuevos métodos de grabación y, en general, se incrementa la complejidad de la música. La propia portada, con esa imagen deliberadamente alargada, algo psicodélica, es  toda una declaración de intenciones, como llegó a reconocer el propio George Harrison: «habíamos perdido nuestro lado de ‘jóvenes inocentes’, nuestra ingenuidad; y era la primera portada en la que teníamos de verdad cara de ‘fumeta'». El álbum obtuvo el apoyo de crítica y público, y puede considerarse como uno de los discos más influyentes en la historia del rock; Brian Wilson, líder de los Beach Boys, reconoció que la huella que dejó en él fue clave para la concepción de otro de los grandes títulos de la música popular: «Pet Sounds» (1966), por no hablar de la influencia que tuvo en la posterior aparición del rock psicodélico. La mayor parte de las canciones está asignada a la dupla Lennon / McCartney, temas como «Drive My Car«, «Michelle«, «In My Life«, «Nowhere Man«, «Girl» o la elegida para hoy: «Norwegian Wood (This Bird has Flown)», pero también hubo hueco para dos temas de Harrison: «If I Needed Someone» y «Think for Yourself«.

«Norwegian Wood», aunque de manera un tanto embrollada, nos habla de una relación extramatrimonial. La canción es mayoritariamente obra de Lennon, aunque fue McCartney quien introdujo algunas mejoras y, sobre todo, la parte de la letra en la que el protagonista incendia el apartamento cuando descubre, al despertarse, que su amante se ha marchado. El título de la canción hace alusión a la «madera noruega», el pino barato con el que solían estar construidas las casas de la clase media británica. Desde el punto de vista musical lo más novedoso e interesante fue el uso del sitar, instrumento adquirido por Harrison en la tienda Indiacraft, en la calle Oxford de Londres; lo utilizó por primera vez para grabar este tema, como él mismo nos cuenta: «Normalmente, empezábamos a rebuscar en el armario para ver si descubríamos algo, un nuevo sonido … y yo cogí el sitar: estaba por allí, en el suelo. No había pensado que iba a hacer con él. Fue algo muy espontáneo. Encontré las notas del riff. Empastaba muy bien y funcionó». Aunque al que le costó integrar el sonido de este instrumento fue al ingeniero Norman Smith: «Es muy difícil de grabar porque da picos y la curva de la onda es muy compleja. Llegábamos al rojo con la distorsión sin que fuera audible». Se han hecho más de doscientas versiones de este tema: Waylon Jennings, The Kingston Trio, Jan & Dean, Juddy Collins, José Feliciano, Buddy Rich, Herbie Hancock, Milton Nascimento, etc. Aunque, para esta ocasión, he preferido optar por dos adaptaciones bastante singulares: la grabada en 1969 por la banda de rock psicodélico y jazz-rock Circus, en la que militó el saxofonista Mel Collins, y la de Tangerine Dream, en clave new age, perteneciente a su álbum en directo «Zeitgeist Concert» (2010).

Las citas textuales están tomadas del libro de Guesdon, J.M. & Margotin, P. 2015. Todo sobre los Beatles, la historia de cada una de sus 211 canciones. Barcelona: Blume.

Módulos. «Todo tiene su fin»

«Sin Tiempo» es el sexto álbum de Medina Azahara, en él se incluyeron dos temas que todo buen aficionado a esta banda conoce bien: «Necesito Respirar» y «Todo tiene su fin«. Muchos estaban convencidos que «Todo tiene su fin» era un tema original de los cordobeses (con más de uno tuve que discutir sobre este particular); lo cierto es que habían rescatado una de las mejores baladas españolas y, de paso, habían recordado y reivindicado a uno de los grupos más importantes que ha tenido nuestra música popular, los madrileños Módulos; y no es ésta la única vez que Medina Azahara ha hecho versiones de Módulos, yo al menos recuerdo otros dos temas: «Adiós al Ayer» y «No quiero pensar en ese amor«. La banda fue creada en 1969, en torno al guitarrista y cantante Pepe Robles, a él se unieron Tomás Bohórquez (teclados), Juan Antonio Reyzábal (batería) y Emilio Bueno (bajo); publicaron cinco álbumes de estudio, varios sencillos y acabaron disolviéndose a finales de los setenta. Módulos fue el último gran grupo de los sesenta, con un estilo que se situaba entre el pop-rock barroco y el rock sinfónico, con mucha presencia del órgano Hammond; los seguidores del rock progresivo solemos considerar a esta banda como una de las pioneras de este estilo en España, de hecho su compromiso con el rock sinfónico se fue afianzando a medida que fueron publicando discos, lo que les obligó a cambiar de compañía discográfica; así nos los cuenta el propio Pepe Robles:

«A los Módulos nos gustaba mucho la música de Yes, Genesis y King Crimson, e indudablemente influyeron en nuestra evolución. Con Hispavox, al final tuvimos que dejarlo; ya se sabe, cuando más estudias más radical te vuelves en tus planteamientos musicales. Nosotros íbamos hacia otros derroteros y la compañía no estaba muy de acuerdo» (Domínguez, Salvador. Bienvenido Mr. Rock. Los primeros grupos hispanos 1957-1975. Madrid: SGAE, 2002; págs. 421-422). 

Con todo, su primer Lp con Hispavox, titulado «Realidad» (1970), es un trabajo excelente, un disco de escucha obligada para todos los que deseen acercarse a nuestra historia musical, con un sonido muy trabajado y la evidencia de que algo así no se había improvisado en unos días. Aquí podéis escuchar el disco; todo el álbum está a un gran nivel, aún así os recomiendo los cortes titulados «Realidad«, «Noche de Amor«, las dos versiones de los Beatles («Yesterday» y «Hello, Goodbye«) y, por supuesto, «Todo tiene su fin», lanzado primero como single en 1969 (la cara B de «Nada me importa«), un tema que, a menudo, sólo se le presta atención en su superficie, como balada romántica; os sugiero que, en la escucha que hagáis hoy, os percatéis de la atmósfera, entre misteriosa y melancólica que consigue transmitir el órgano Hammond, y en el solo de guitarra que aparece hacia el final. Como curiosidad, os comentaré que el tema fue incluido a última hora en el álbum, y que acabó habiendo polémica en torno a la autoría de la canción entre algunos de los miembros del grupo; el autor que aparece en la SGAE es el batería Juan Antonio Reyzábal.