Van Halen. «Eruption»

En una vieja entrada, dedicada al guitarrista de jazz Stanley Jordan, os hablaba del “tapping”, una técnica que consiste en presionar las cuerdas de la guitarra con las dos manos, en lugar de lo más habitual: presionar y rasgar. Músicos como Jimi Hendrix, Steve Hackett, Jimmy Page o Brian May utilizaron este recurso de manera ocasional, aunque quienes lo desarrollaron, lo popularizaron y lo asumieron como algo propio fueron el mencionado Stanley Jordan, en los años ochenta y, en los setenta, el holandés nacionalizado estadounidense Eddie Van Halen, uno de los grandes guitarristas que ha dado el rock, de los más innovadores y de los que más huella han dejado en posteriores generaciones de guitarristas. La familia Van Halen se instaló en California durante los años sesenta, procedente de Nimega (Holanda); Jan Van Halen, el padre de Eddie y Alex, era músico y consiguió transmitir esta pasión a sus hijos; ambos estudiaron piano y, posteriormente, uno la batería (Eddie) y el otro la guitarra (Alex) aunque, con el paso del tiempo, cambiarían los instrumentos. Tras tocar en varios grupos, crearon otro al que inicialmente denominaron Mammouth, un nombre que ya existía, por lo que tuvieron que cambiarlo por el de Van Halen, a propuesta del cantante de la banda, David Lee Roh. La formación inicial quedó cerrada con el bajista Michael Anthony; este cuarteto (Alex, Eddie, David y Michael) fue el que hizo frente a las tareas que condujeron a la grabación de su homónimo primer álbum, publicado en 1978; un trabajo de hard rock excelente, en el que Eddie dio rienda suelta a su talento como maestro del “tapping” (al parecer, en sus primeras actuaciones en directo se ponía de espaldas al público, para que nadie le pudiera copiar su técnica). En este álbum destacan temas como “Runnin’ with the Devil”, “Ain’t Talkin’‘Bout Love”, “Atomic Punk”, la conocida versión del “You Really Got Me” de los Kinks o “Eruption”, uno de los temas escritos para guitarra más virgueros y difíciles que existen, como podréis comprobar en el vídeo destacado de esta entrada. También es una de las piezas más imitadas, aunque nadie ha conseguido darle el timbre personal de Eddie, tal vez porque la guitarra con la que tocó en este disco fue fabricada por él mismo, de manera un tanto chapucera, tratando de combinar las peculiaridades de las guitarras “Fender” y “Gibson”, no en vano a este instrumento creado por Eddie Van Halen se le conoce como “Frankenstrat”. “Eruption” no era inicialmente un tema de la banda, más bien era el calentamiento que utilizaba Eddie antes de iniciar las grabaciones de estudio; cuando el productor lo escuchó le pidió un par de tomas para poderlas grabar, eligiendo finalmente una de ellas, la incluida en el disco (aquí podéis escuchar la versión original de estudio). Esta pieza apenas dura dos minutos, aunque en directo solía extenderse; aquí, por ejemplo, tenéis una versión de once minutos de duración. Para finalizar, me gustaría que prestarais atención a esta interesantísima versión interpretada al banjo por Dennis Caplinger, incluida en un disco homenaje a Van Halen hecho en clave bluegrass («Strummin’ with the Devil: The Southern Side of Van Halen«).

Smash. «El Garrotín»

“En 1967 yo recorría los clubes sevillanos con mi guitarra. No tenía ni un duro, así que tocaba un poco y me invitaban a una copa. Todo el mundo de Sevilla me conocía de verme así. Un día, justo cuando Gong se iban a disolver, pasé por el club Don Gonzalo, y su dueño, Gonzalo García Pelayo, me preguntó si quería tocar unas canciones. Allí estaba el equipo de Gong, que por lo visto yo podía usar. Entonces formé Smash pensando en Julio Matito y en Antoñito, a los que ya había visto en el club Yeyé, que estaba en la calle Alfonso XII” (Gualberto García, líder de Smash. Consultado en: Domínguez, Salvador. Bienvenido Mr. Rock … Los primeros grupos hispanos 1957-1975. Madrid: SGAE, 2002; pág. 566).

Gualberto García (guitarras, sitar, clavicordio), Julio Matito (bajo, voz) y Antonio Rodríguez (batería) fueron los creadores y el núcleo duro de Smash, banda sevillana creada a finales de los sesenta, a la que se suele considerar como pionera del rock andaluz; de hecho, grupos como Triana, Alameda, Guadalquivir, Cai, Mezquita o Goma, por mencionar sólo algunos, son hijos del sonido Smash, una manera de entender el hipismo, el underground y los movimientos musicales de aquella época (blues-rock, psicodelia, jazz-rock, rock progresivo, etc.) en clave andaluza, con el flamenco como protagonista. Así se expresaba, sobre este particular, Gonzalo García Pelayo, mánager de esta formación: “Smash es el primer grupo en darse cuenta que hacer lo de Frank Zappa y Jimi Hendrix no tiene mucho sentido siendo sevillanos. Por qué no mezclar todo eso un poco con el flamenco y los gitanos” (Domínguez, Salvador. Op. cit., pág. 568). Existe un documento, titulado “Manifiesto de lo borde”, atribuido a Smash (algunos dicen que escrito por Julio Matito, otros por Gonzalo García Pelayo), que es toda una declaración de intenciones de lo que pretendía este grupo, caracterizado por una ansia voraz de libertad creativa y una visión de la vida alejada de tópicos y convencionalismos:

“I. No se trata de hacer ‘flamenco-pop’ ni ‘blues aflamencado’, sino de corromperse por derecho. II. Sólo puede uno corromperse por el palo de la belleza. III. Imáginate a Bob Dylan en un cuarto, con una botella de Tío Pepe, Diego el del Gastor, a la guitarra, y la Fernanda y la Bernarda de Utrera haciendo el compás, y dile: canta ahora tus canciones. ¿Qué le entraría a Dylan por ese cuerpecito? Pues lo mismo que a Manuel [Manuel Molina, miembro de Smash] cuando empieza a cantar por bulerías con sonido eléctrico”.

Grabaron varios singles y dos discos de estudio (“Glorieta de los lotos”, 1970; y “We come to smash this time”, 1971); cuando preparaban su siguiente trabajo, tras publicar su exitoso single “El Garrotín / Tangos de Ketama” (1971), Gualberto abandonó la formación para iniciar su carrera en solitario, y el resto decidieron dar por finalizada esta aventura. Unos años después intentaron retomar el grupo con nuevos temas, incluso actuaron en el programa de televisión “Musical Express”; lamentablemente, al día siguiente de la grabación, Julio Matito fallecía en un accidente de coche (aquí podéis ver esta última actuación de Smash). “El Garrotín” fue el éxito más importante de los sevillanos, un tema aparentemente pachanguero pero con más enjundia musical de lo que parece, en el que se puede apreciar ese mestizaje característico de Smash: rock mezclado con flamenco, en este caso los acordes fundamentales del palo conocido como “Garrotín”, una variante del tango flamenco, de origen incierto (cuadrillas gitanas de zambras del Sacromonte, gitanos de Lérida y Tarragona, incluso hay quien lo emparenta con las “garrotiadas” asturianas), claramente identificable por su estribillo: “Al garrotín, al garrotán, a la vera, vera, vera de San Juan”.

Jethro Tull. “Thick as a Brick”

«Thick as a Brick» es «la madre de todos los discos conceptuales»; esta es la expresión que usó Ian Anderson, líder de la banda británica Jethro Tull, cuando publicaron su quinto álbum de estudio en 1972. De esta manera respondía a los críticos musicales, que no dudaron en calificar a su anterior disco («Aqualung»), de álbum conceptual en torno a Dios y la religión; Anderson nunca estuvo de acuerdo con esta etiqueta y, por más que se empeñó en desmentirlo, no consiguió convencer a la crítica especializada. Se propuso entonces lanzar lo que él sí consideraba un álbum conceptual, probablemente buscando el sarcasmo, la sátira y el humor inteligente -no en vano, tomó a los Monty Python como referencia- y, también, la calidad artística, literaria y musical. Su principal objetivo eran los grupos de rock progresivo, con sus mastodónticas y pretenciosas obras de minutaje extremo y, de acuerdo con Alberto Díaz (Discos conceptuales. 150 títulos imprescindibles. Barcelona: Lenoir, págs. 44-45), también quiso denunciar «la presión a la que se somete a los niños, el poco valor que se da al arte, el sinsentido de las guerras y la validez o no del sistema capitalista en general». No es de extrañar el título que Anderson dio al álbum: «Thick as a brick», algo así como «Denso como un ladrillo», expresión equivalente a «Full of shit» («Lleno de mierda»), tal vez en alusión a lo que pensaba el líder de Jethro Tull de la prensa especializada. El álbum tiene una única canción dividida en dos partes (cara A y cara B del Lp); fue compuesta por Ian Anderson, aunque en los títulos de crédito aparece el nombre de Gerald Bostock -«alias «Little Milton»-, un imaginario niño de ocho años autor de unos versos (en realidad la letra de la canción) merecedores de un premio literario, aunque finalmente fuera desposeído del título por considerar su obra irreverente y subversiva; el galardón acabó yendo a una niña, autora de una oda sobre los valores de la vida cristiana. Otra de las genialidades de «Thick as a Brick» es su portada, diseñada a modo de parodia de un diario inglés de ámbito local, con doce paginas, el ficticio St. Cleve Chronicle & Linwell Advertiser, en el que se puede ver la noticia sobre la descalificación de Gerald Bostock, una reproducción del poema en cuestión, una noticia sobre el próximo proyecto de Jethro Tull para dar música a estas rimas y, por supuesto, la información y las secciones fijas de un períodico local: artículos, concursos, anuncios, etc., todo envuelto en juegos de palabras y chistes ocultos.

A pesar de lo que pudiera parecer, «Thick as a Brick» es un álbum excepcional -para mí el mejor de esta banda-, uno de los títulos imprescindibles para todos lo que deseen incorporarse al rock sinfónico; sin duda, el disco más progresivo de Jethro Tull, una obra con cambios constantes y muy compleja en lo instrumental, plagada de instrumentos no excesivamente habituales en el rock (xilófono, violín, laúd, etc.), además de la flauta, la guitarra y los teclados, protagonistas en este Lp. A Anderson (voz, guitarra acústica, flauta, violín, saxo y trompeta) lo acompañaron Martin Barre (guitarra eléctrica, laúd), John Evan (teclados), Jeffrey Hammond-Hammond (bajo, voz) y Barriemore Barlow (batería, percusiones). En este enlace podéis escuchar una versión en directo grabada en el Madison Square Garden, con entrevista incluida a Ian Anderson; en éste, otro directo fechado en 1978; en éste otro, una versión realizada a propósito del 40 Aniversario del álbum; y, finalmente, la grabación realizada para el disco «Live in Iceland» (2012).

Steve Miller Band. «Serenade»

“Usar y tirar” es el tercer álbum de los murcianos M Clan; fue publicado en 1999, después de dos trabajos (“Un buen momento”, 1995; y “Coliseum”, 1997) orientados hacia el rock sureño. Se grabó entre Burdeos y Madrid, con Alejo Stivel como productor musical, probablemente uno de los artífices de que este álbum, tal vez más comercial que los dos anteriores, lograra conectar con el público; y todo gracias a un tema: “Llamando a la Tierra”, en realidad una versión de la Steve Miller Band, entonces un grupo apenas conocido en España. De esta manera, muchos aficionados al rock supieron del tema original, “Serenade”, compuesto por Chris McCarty y por Steve Miller, un estadounidense que creció entre músicos de jazz, con un padrino como el guitarrista Les Paul –amigo de la familia- y maestros del blues como Muddy Waters, Howlin’ Wolf o Buddy Guy. Formó la Steve Miller Band en 1967 y, poco tiempo después, grababa su primer álbum con esta formación, titulado “Children of the Future” (1968). En 1973 publicaban “The Joker”, su octavo disco, que tuvo bastante éxito debido al tema homónimo, uno de los más reconocibles de esta formación. Entre este Lp y el siguiente pasaron tres años; en 1976, Steve Miller sorprendía a la parroquia con un excelente trabajo, “Fly Like an Eagle”, del que se extrajeron algunos singles (“Fly Like an Eagle”, “Rock’n Me” y “Take the Money and Run”), aunque había otros temas igual de buenos, como “Wild Mountain Honey”, “Mercury Blues”, “You Send Me” (versión de Sam Cooke) o “Serenade”, la canción que M Clan rescató del olvido, al menos en nuestro país. La adaptación de M Clan, posteriormente grabada en otro de sus álbumes más representativos (“Sin Enchufe”, 2001), dispone de letra en español escrita a partir del original, aunque diferente a la de la Steve Miller Band; para mi gusto, la del original es más interesante y menos convencional que la española, por esa capacidad para hacernos soñar con un viaje a las estrellas, perdidos en la inmensidad del Universo. Según señalan algunas fuentes (Guillén Barrantes, Sergio & Puente Gómez, Andrés. El Mundo Secreto de las Canciones. Madrid: T&B Editores; pág. 33), tanto “Serenade” como “Llamando a la Tierra” han sido habitualmente utilizadas por el programa de radio “La Rosa de los Vientos”, emitido por Onda Cero, en el que tienen cabida temas como la ciencia y la tecnología, el humor, la ecología, la historia, las leyendas, el espionaje, etc.

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Carl Perkins / Albert King / Helloween. «Blue Suede Shoes»

Carl Perkins, uno de los pioneros del R&R, nació en el seno de una familia humilde de granjeros. Creció con los cánticos góspel de los negros en los campos de algodón y, a los siete años, ya jugaba a hacer música con una guitarra que le hizo su padre con una caja de cigarros y alambres de embalaje. A los trece ganó un concurso local para jóvenes talentos y, a comienzos de los años cincuenta, decidió formar un grupo junto con sus hermanos (The Perkins Brothers), para tocar temas country con influencias procedentes del blues. En 1955 firmó un contrato con la discográfica Flip Records, subsidiaria de la Sun Records de Memphis, donde Elvis Presley inició su carrera; precisamente con Elvis y con Johnny Cash estableció buenas relaciones de amistad y tocó con ellos en varios conciertos. Se cuenta que, en uno de ellos, Cash le contó a Perkins que había conocido a un piloto negro del ejército alemán que llevaba zapatos de ante (gamuza) azul; le sugirió que escribiera una canción sobre ello; Carl Perkins le debió decir que no sabía nada de zapatos … Pasado el tiempo, Perkins vio a una pareja bailando y le llamó la atención que el muchacho le dijera a su pareja: «no pises mis zapatos de gamuza», dando a entender que eran más importantes que ella. Así que, finalmente escribió la canción –dicen que sobre un viejo saco de patatas-, la grabó a finales de 1955 y la publicó como single en enero de 1956. Obtuvo un éxito sonado, aunque muy efímero; el 21 de marzo de 1956 viajaba junto a su grupo para participar en el programa de televisión de Ed Sullivan, cuando sufrió un accidente en el que acabaría falleciendo su hermano Jay y su mánager, y él mismo sufriría una fractura de cráneo que le mantuvo alejado de los escenarios durante un tiempo; justo lo necesario para que Elvis Presley sacara su propia versión, que eclipsó totalmente a la de Carl Perkins, un mazazo para Carl del que tardó mucho en recuperarse. Este rocanrol, uno de los primeros de la historia, ha sido versionado por otros artistas y grupos del ámbito del rockabilly o del country, como Bill Haley, Buddy Holly, Jerry Lee Lewis, Eddie Cochran, Johnny Rivers, Clif Richard & The Shadows, Stray Cats, Merle Haggard o Johnny Cash, por mencionar algunos. Pero también le han prestado atención los músicos procedentes del blues, el blues-rock, incluso el heavy metal, es el caso de Paul McCartney & Eric Clapton, Ry Cooder, Jimi Hendrix, Johnny Winter, Black Sabath o los otros dos destacados de hoy: el bluesman Albert King, que publicó su versión en un álbum en homenaje a Elvis Presley («Blues for Elvis – King Does The King’s Things» (1970), y los metaleros Helloween, quienes incluyeron este tema, como bonus track, en la reedición que se hizo en 2006 de su álbum «Pink Bubbles Go Ape» (1991). Y no puedo acabar sin mencionar la interpretación realizada en 1978 por Moris, músico argentino afincado en España, bajo el título «Zapatos de gamuza azul«.