Las Cinco Canciones de JakeSnake (V): «A man I’ll never be» (Boston)

Hoy día los chavales de catorce o quince años tienen de todo, incluso modernos y costosos smartphones, donde pueden escuchar la música que les dé la gana. En los años setenta la cosa era más complicada, al menos para los que procedíamos de familias humildes como la mía; me acuerdo que grababa en cintas de marca completamente desconocidas (y así me iba …) y medité mucho antes de comprar mis primeras casetes; aún me acuerdo cuáles fueron: «El Patio» (Triana), «Relayer» (Yes), «Aqualung» (Jethro Tull) y «Boston» (Boston). De este último disco ya me ocupé en su momento, a través del tema «More Than a Feeling» o «Más que un sentimiento», el título que aparece en mi cinta. Desde hace tiempo tenía ganas de que esta banda volviera a aparecer en La Guitarra de las Musas; de hecho, tengo preparada una entrada con el tema tal vez más conocido de su segundo álbum: «Don’t look back»; por eso, cuando vi que JakeSnake elegía otra canción de ese mismo disco me llevé una alegría. En concreto, ha elegido la balada «A man I’ll never be», un tema precioso con el que ha querido recordar y homenajear a su abuelo; no os perdáis su relato porque os va a emocionar, ni su penúltima frase donde se condensa, de manera brillante, todo el amor y el respeto que puedes sentir hacia quien quieres y admiras. Muchas gracias, Jake, por esta semana tan intensa y emotiva que nos has regalado, y por todas las elogiosas, más bien «ruborizantes», palabras que me has dedicado. Recordad que el blog de Jake es Musicae Memorandum. Un abrazo muy fuerte.

Os recuerdo que esta sección está abierta a todos los amigos/as que deseéis participar en ella; si queréis enviar vuestras cinco canciones, con sus recuerdos respectivos, lo podéis hacer mandando un correo a la siguiente dirección: raulrn@wanadoo.es o contactar a través de twitter (@guitarmuses).

«Por fin, que pensarán algunos, llega mi última colaboración en La Guitarra de las Musas. En primer lugar he de pedir disculpas por haber tardado tanto en realizar las 5 canciones de mi vida, creedme cuando os digo que dispongo de poco tiempo y que me ha costado una barbaridad decidir el quinteto sobre el que referir, de verdad que se me quedan decenas de bandas y cientos de canciones de mi vida en el tintero. Y en segundo y último, me gustaría recordar que, la primera vez que entré por estos lares, tan sólo me hicieron falta 15 minutos para darme cuenta de que estaba ante un gran blog; tanto, que me permití el lujo de afirmar que estaría entre los tres finalistas (asegurar que finalmente vencería me pareció una falta de respeto hacia los demás participantes) de aquel concurso del que es actual ganador. Por la parte que me toca, y sin ánimo ninguno de parecer petulante en absoluto, es el mejor sucesor, en lo que a palmarés de concurso se refiere, que uno pudiera imaginar y/o desear. A ver si me expreso bien, que un blog como éste tenga el Premio 20Blogs revaloriza el que nosotros conseguimos justamente un año antes. Dicho queda.

No he sido capaz de encontrar un tamaño de fuente tan grande como para poder expresar de manera justa el enorme GRACIAS que me gustaría transmitir. Quizá no sea necesario, estoy seguro que Raúl sabe cuán agradecido y orgulloso me siento de poder intervenir en La Guitarra de las musas. Para mí ha sido un honor, un privilegio, un lujo… de todo corazón.

En este sentido, mi agradecimiento va más allá al hecho de poder escribir unas líneas en un lugar tan prestigioso como lo es éste, va más bien dirigido hacia la oportunidad de poder plasmar todos los sentimientos, inquietudes, recuerdos, miedos que uno tiene a través de la música, esa pasión que nos une, y que algunos, mediante el formato Blog, usamos muchas veces a modo de desahogo. Y es que la de hoy es sin ningún género de duda, la entrada más dura que escribí jamás.

Llegados a este punto, me es imposible no rememorar la entrada de Salva en esta misma bitácora sobre «Back in black». Y no, no es por AC/DC, sino por la figura del abuelo. Me encantó aquello de «nada más alejado del Rock que mi abuelo«, algo que yo sin duda también pudiera afirmar. No sé si las casualidades existen o si el destino está ya escrito, lo cierto es que la noche en la que falleció mi abuelo, mientras me dirigía hacia la casa de mi Tete, se oyó la canción de hoy. En verdad que no recuerdo muy bien de cómo pude llegar, las lágrimas en mis ojos y las imágenes de mi abuelo Paco en mi cabeza apenas sí me permitían ver la carretera. Lo que sí puedo asegurar es que en aquel preciso momento, en la radio de mi coche, sonaba «A man I´ll never be».

Cuando comentaba anteriormente lo de las casualidades, no lo hacía porque a mi Tete también le encanten Boston, sino más bien por aquello de el hombre que nunca seré. Soy perfectamente consciente de que la letra del tema poco o nada tiene que ver con mi experiencia en concreto, realmente habla sobre la impotencia de un hombre por no ser capaz de colmar las expectativas de su chica, de como, por muy duro que lo intente, él nunca será el hombre que ella imagina en su mente, pero entenderéis que yo haya asimilado la canción como un recuerdo indeleble hacia ese gran hombre que fue mi abuelo, alguien que sólo supo responder a todas las dificultades e injusticias que la vida le planteó con amor hacia sus seres más queridos y con respeto y educación hacia todos los demás.

No sé, a veces tengo la sensación de que esa noche marcó un punto de inflexión en mi vida, un antes y un después. Si bien, hasta que mi abuelo se marchó tenía la impresión de estar viviendo la vida, tras Él (y Ellas dos), parece que sólo la recuerdo. Sería injusto afirmar, especialmente para las personas que me quieren y me acompañan en mi vida, que no soy feliz, pero lo cierto es que sin ellos tres ya nunca será lo mismo.
Y es que aquella noche de 2007, súbitamente, pasé de ser un chico a ser un hombre. Pero no como mi abuelo, pues Él fue el hombre que yo nunca seré, o mejor dicho, el hombre que yo nunca seré capaz de ser.

Gran abrazo a todos, nos seguimos leyendo, hasta siempre».

 

Las Cinco Canciones de Antonio (II): «If you leave me now» (Chicago)

«If you leave me now» ya ha tenido cabida en este blog, allá por marzo de 2015; entonces comentaba que Chicago tuvo una primera etapa de una gran calidad, donde el rock y el jazz convivieron en armonía, en gran medida gracias a la inclusión de instrumentos de viento. Sin embargo son más conocidos por su segunda etapa, más cercana al soft-rock, al AOR y la balada, género en el que se especializaron. Esta canción apareció en el álbum «Chicago X» (1976); estamos ante una de las canciones preferidas para acompañar momentos románticos, una melosa historia de amor contada por alguien que se resiste a perder a su amada. Seguro que vosotros también tenéis vuestra canción romántica preferida, y seguro que por alguna razón muy concreta …

«Iba a continuación del sensual «Sharring the night together» de Dr. Hook como segundo tema de la primera cinta de cassette que me grabaron y una de las que con mayor ahínco y nostalgia he tratado de conservar desde entonces. Con los años, otras baladas (casi siempre vinculadas, en mayor o menor medida, a algún recuerdo sentimental) han ido conformando mi selección particular de lentas, pero ninguna de ellas ha conseguido desbancar del primer puesto a esta arrebatadora joya musical compuesta por Peter Cetera».

Chris Rea. «On the Beach»

Chris Rea es uno de esos guitarristas que, a pesar de su calidad y buen trabajo sobre las seis cuerdas a lo largo de sus cuarenta años de carrera, parece como si hubiera pasado de puntillas. De hecho, se le recuerda más como cantante de voz grave y profunda, y por determinadas composiciones aparentemente comerciales -como la que hoy traemos-, englobables en la categoría de rock melódico apto para todos los paladares, eso que se ha venido en llamarse AOR. Sin embargo, Chris Rea es mucho más que el producto musical que las discográficas han querido fabricar; es un prolífico compositor, de hecho él mismo ha reconocido que, a menudo, entraba en fases cercanas al autismo, donde componía casi de manera obsesiva; y, sobre todo, es un excelente guitarrista y multiinstrumentista, dominador de la técnica slide, que le permite dotar a su guitarra de una amplia gama de sonidos y texturas, hay quien ha querido ver en esta técnica un cruce entre la gaita irlandesa y el violín. En ocasiones me recuerda a Mark Knopler, otras veces a Ry Cooder o a J.J. Cale y, cuando se pone más blusero, a Eric Clapton. Grabó su primer álbum en 1974 y, desde entonces, no ha parado de trabajar; en los años noventa fue sometido a una serie de operaciones motivadas por un cáncer muy agresivo, aún así ha seguido componiendo, alejándose de los sonidos que le hicieron famoso y acercándose cada vez más a su querido blues y a otra de sus pasiones – junto con los coches de carreras-, la pintura. «On the Beach» (1986) es su octavo álbum de estudio, un disco de AOR muy elegante y relajante, en el que el jazz fusión, o smooth jazz, está también muy presente; algunos han querido ver en este trabajo un antecedente de lo que luego habría de conocerse como «chill out», movimiento con mucha aceptación en las Baleares. La romántica y evocadora canción que da nombre a este disco está inspirada en la isla de Formentera. Según ha manifestado Chris Rea, «es una canción que habla de no estar en la playa y de desear estarlo», exactamente la misma sensación que tengo después de muchos meses sin disfrutar del mar. La Guitarra de las Musas y yo nos tomamos unas vacaciones; nos vemos en septiembre con nuevas historias y temas sin fecha de caducidad, y con las «Cinco Canciones de tu Vida», esa nostálgica sección que espero siga hermanándonos y fomentando los recuerdos. Besos y abrazos para todos.

Las Cinco Canciones de Raúl (V): “Wonderful Tonight” (Eric Clapton)

Cuando el amigo Salva me pidió esta colaboración para el ya desaparecido blog «Mentalparadise», no tuve muchos problemas en recordar rápidamente un puñado de composiciones que, de una u otra manera, han significado algo en mi vida. Bien diferente hubiese sido si esta aportación tuviera que ver con elegir mis cinco temas preferidos, entonces me hubiera bloqueado. Entre otras razones, elegí orientar mi blog hacia las canciones con el objetivo de responder a esta pregunta; ya van más de trescientos títulos y espero que mi particular lista de temas favoritos siga creciendo.

De las cinco canciones solicitadas las cuatro primeras, prácticamente agolpadas en mi adolescencia y primera juventud, entre los 14 y 18 años, se materializaron pronto: “Hotel California” (Eagles), “Shine con you crazy diamond” (Pink Floyd), “Highway Star” (Deep Purple) y «Mediterráneo» (Serrat); sin embargo, quedaba el resto de mi vida y una sola canción. Finalmente me incliné por “Worderful tonight”, de Eric Clapton, aunque me gustaría que también conocierais las otras (seguro que hay más, pero ahora mismo se me resisten a la memoria): “Tu nombre me sabe a hierba” (Serrat), “Paseando por la Mezquita” (Medina Azahara), “Nocturno” (Los Relámpagos), “Brothers in Arms” (Dire Straits), “Dust in the wind” (Kansas), “Year of the cat” (Al Stewart), “Una noche de amor desesperada” (Triana), “Luminosa mañana” (Triana), «I should I stay or should I go» (The Clash), “Those magic changes” (Sha-Na-Na), “La mataré” (Loquillo y los Trogloditas), “Stairway to heaven” (Led Zeppelin), “Jo vull ser Rei” (Els Pets), “La jument de Michao” (Tri Yann), “Mi agüita amarilla” (Los Toreros Muertos), “Voyage Voyage» (Desireless), «Deborah» (Noel Soto), «Castigo» (Leño). La mayor parte de ellas ya han ido apareciendo en estos dos años de vida de “La Guitarra de las Musas”, otras aún no lo han hecho; lo cierto es que atesoran muchos recuerdos y me ayudan rememorar determinados episodios de mi existencia.

“Wonderful tonight” es una de mis canciones preferidas que, además, siempre acude para recordarme mi tardío ingreso en el mundo del vinilo. Tuve mi primer tocadiscos (un sistema compacto con doble pletina y radio) a los 20-21 años, cuando estudiaba la carrera, sin embargo no tenía dinero para comprar discos por lo que acabé transformándome en un verdadero buitre. Mi objetivo era cualquier casa conocida que tuviera discos; los miraba todos y me llevaba aquellos que me interesaban para grabarlos en cinta; como tenía la buena costumbre de devolverlos a su propietarios, en unos pocos años ya contaba con una buena colección de casetes, aunque aún seguía teniendo pocos vinilos en propiedad.

Poco tiempo después de acabar mis estudios me puse a trabajar y, como no podía ser de otra manera, dediqué una parte de mi sueldo a comprar discos. Así empecé mi colección de vinilos; solía ir, un par de días por semana, a las clásicas tiendas que había entonces en Madrid (Discoplay, Madrid Rock, MF, La Metralleta, etc.), me pasaba las horas muertas mirando y mirando, preguntando y aprendiendo y, por supuesto, comprando. Recuerdo con mucho cariño aquella época en la que perdía la noción del tiempo en las casas de discos, como el excursionista que se extravía en una larga, intrincada y enigmática cueva. Muchas veces sabía lo que compraba, lo había escuchado o me habían hablado de ello, pero otras iba a la aventura, por intuición, movido por un deseo de vivir nuevas experiencias musicales.

Un día dí con “Slowhand”, conocía a Clapton y tenía referencias de la canción “Cocaine”, la primera de ese LP; me pareció fantástica, pero la que penetró en mí fue la segunda (“Wonderful Tonight”), un híbrido entre balada rock y melodía comercial que me abrió los ojos a nuevos retos musicales, a estilos diferentes a los que acostumbraba; me ayudó a mirar a la Música sin complejos ni ideas preconcebidas, sin ataduras estilísticas o tribales fundamentadas en la presunta calidad. Cuando empecé a poner canciones en la red no lo dudé, ésta tenía que ser la primera.

No quiero acabar sin recordaros que este espacio, «Las Cinco Canciones de tu Vida», está abierto a todos los que queráis participar. Ha sido un placer volver a recordar estos recuerdos con todos vosotros.

Toto. «Hold the Line»

En los años setenta y ochenta ser un buen «músico de sesión» no debía ser mala cosa; eran respetados, ganaban dinero, no tenían que discutir con compañeros de grupo y, en definitiva, se limitaban a hacer su trabajo. Sin embargo, no eran conocidos por el gran público; la creatividad era otro de los aspectos que quedaban, en cierta manera, al margen de la vida profesional de estos músicos. Algunos no quisieron conformarse con este papel secundario y trataron de crear sus propios grupos desde donde potenciar todas sus posibilidades; una de estas bandas fue Toto, creada en Los Ángeles (EE.UU) durante 1976 por David Paich y Jeff Porcaro. Toto es uno de los grupos de rock más difícilmente etiquetable, en realidad su propuesta musical participa de diferentes estilos: hard rock, rock progresivo, jazz, pop y funk; el resultado es un rock melódico o AOR que, al menos en sus primeros trabajos, parece un cruce entre Boston, Earth Wind & Fire y Chicago pero más pop. A pesar de su calidad musical, recibieron muchas críticas; su guitarrista, Steve Lukather llegó a decir que eran la banda más incomprendida del mundo. La mezcolanza de estilos no ayudó mucho a ciertos críticos musicales y tampoco el nombre, odiado por algunos de los integrantes de Toto; según ellos mismos han manifestado, no significa nada y, en todo caso, fue culpa del ingeniero de sonido, al utilizar esta palabra para etiquetar las grabaciones de la banda. Con todo, algunos guitarristas importantes, como Steve Vai, dijeron de Toto que habían creado un sonido propio y único, una mezcla de géneros perfectamente armonizada; Eddie Van Halen llegó a comentar que esta agrupación estaba «colectivamente, compuesta por los mejores músicos del planeta» (Wikipedia). Tal vez su disco más famoso sea «Toto IV» (1982), donde se incluyeron éxitos tan rotundos como «Rosanna» o «Africa»; sin embargo, a mí el que más me gusta es el primero (al menos de los que conozco), publicado en 1978 y titulado igual que el grupo. Contiene canciones como «Child’s Anthem«, la más progresiva del disco; «I’ll Supply the Love«, entre el hard rock melodico y el funk; «Georgy Porgy«, con elementos de jazz y de funk; «Manuela Run«, que a mí me recuerda al sonido de Boston; la balada rock «Angela«; o el tema elegido para hoy: «Hold the Line», uno de los mayores éxitos en la historia del AOR.