Me llamo Raúl Rodríguez, me dedico a la docencia universitaria y a la investigación en el ámbito de la Historia de la Ciencia, actividades que forman parte de mi vida desde que acabé la carrera, allá por 1986. Sin embargo, la música está conmigo desde mucho antes, desde mi infancia y primera adolescencia, y ha sido siempre una leal compañera. Decidí abrir un blog de canciones con el propósito de encauzar mis inquietudes musicales a través de un canal que pudiera ser sintonizado por otras personas con intereses similares y que, además, sirviera como foro de opinión para todos aquellos que quisieran compartir su pasión por la música. Decidí llamar a este espacio "La Guitarra de las Musas", en honor de las diosas griegas de las Ciencias y las Artes, especialmente de la Poesía y la Música. Quiero pensar que si hubieran tenido guitarras –y baterías, bajos, teclados y demás instrumentos de nuestro tiempo- hubieran sonado como la música propuesta en este blog. En este espacio, el rock en casi todas sus vertientes será el protagonista pero, también, otros estilos como el blues, el jazz, el pop, el soul y las melodías más pegadas a nuestra cultura: cantautores, canción melódica, boleros, corridos mexicanos, tangos, rumbas e, incluso, copla. Por favor, que nadie se enfade conmigo si no encuentra aquí la música que le gusta; la selección de los temas y los comentarios realizados responden, únicamente, a mis intereses particulares que, como bien puede verse, están un poco anticuados. Todos aquellos que busquen música actual no la encontrarán en este sitio.
Y cambiamos de tercio, nos pasamos al heavy metal con ribetes de glam rock del estadounidense Alice Cooper. Antonio nos explica cómo llegó hasta “Poison” (1989) y hasta su teatral, maquillado y siniestro autor. Según he podido leer, el vídeo oficial fue censurado durante las exhibiciones diurnas, ya que aparecía una modelo en topless; en su momento, fue uno de los vídeos más exitosos de la cadena de televisión MTV. Esta melodía fue utilizada para un anuncio del Wolkswagen Passat, la verdad es que no me acuerdo si se pasó por las cadenas españolas de televisión.
«‘Poison’ es una canción que disfruto siempre que la escucho, a pesar de que la he oído incontables veces. Fue lanzada justo cuando mi gusto musical era más maleable y por lo tanto quedó impregnada en mi subconsciente al grado que ahora ya no estoy calificado para calificarla de manera imparcial. Es un pedazo de mi vida que se renueva cada vez que la oigo de nuevo y puedo cantar su letra de memoria. Pertenece al álbum titulado «Trash» (Basura, en español), lo cual es irónico porque el disco en su totalidad es excelente y presenta un hard rock destilado, con garra y convicción. En fin, tiene un lugar de honor en la banda sonora de mi vida. Y fue con esta canción que conocí a Alice Cooper pues no había aparecido en mi mundo anteriormente salvo por la canción «You and Me» que, a pesar de ser muy famosa, no era representativa de su estilo particular de shock rock. En los siguientes años lanzó los álbumes «Hey Stoopid» y «The Last Temptation» que, a pesar de que también eran muy buenos, les faltaba un poco de la dureza de Trash«.
“Tunnel of Love” es uno de mejores temas de Dire Straits, lo cual no es poco. Mereció una entrada en este blog, allá por enero de 2018. Entonces tratábamos de poner en valor el álbum “Making Movies” (1980) y su conexión springsteniana; en cuanto al tema que nos ocupa, recordábamos esa inolvidable música de carrusel de la intro -escrita por Richard Rodgers y Oscar Hammerstein II-, la letra en torno a un amor intenso pero efímero, vivido entre tiovivos, tragaperras, norias y luces de neón, y esa guitarra final, que se torna épica en la versión en directo recogida en el disco “Alchemy” (1984), de imprescindible escucha para cualquier aficionado a la música.
«Esta canción para mí define lo que es el placer de escuchar música, está llena de emotividad, drama y un despliegue maravilloso de maestría interpretativa por parte de los integrantes de la agrupación y en especial por el sentimentalismo que Mark Knopfler impregna tanto a su voz como a su inconfundible guitarra. Además, “Tunnel Of Love” tiene interesantes cambios a lo largo del tema que hacen que su relativamente larga duración se pase en unos instantes. Es una de esas canciones que degusto y disfruto con cada segundo que va pasando. Es una joya en medio de infinidad de propuestas excepcionalmente buenas que fueron lanzadas en ese año, incluyendo el resto del álbum «Making Movies», que la contiene. No recuerdo el momento exacto cuando la conocí, pero no fue al ser lanzado el álbum, sino años más tarde, creo que alrededor del final de la década de 1980 a través de su álbum recopilatorio titulado «Money for Nothing». Lo curioso es que, aunque me agradó desde el principio, no fue sino hasta años después que comenzó a verdaderamente cautivarme y conforme más la escuchaba, más me envolvía en su encanto hasta que se volvió en una canción realmente importante en mi vida y de esas que me alegra cada vez que empieza a sonar».
Continuamos con el pop electrónico de los ochenta, esta vez con la banda británica Erasure, que es la que ha elegido Antonio para recordar su viaje por España, hace treinta años. Los que tenéis una determinada edad seguro que recordáis alguna canción de este grupo: “Oh L’Amour”, “Sometimes”, “Chains of Love” o “A Little Respect”, publicada en 1988, tal vez la más conocida de todas y, también, la que ha elegido Antonio para hablarnos de su viaje, de cintas de casete y de una formación que, por lo que cuenta, aún continúa en activo.
«Una canción que me enamoró desde la primera vez que la escuché y traté de inmediato de conseguir el disco, titulado «The Innocents», por varios medios. Sin embargo, tuve que esperar alrededor de un año hasta que apareció la posibilidad de comprar mi propio ejemplar mientras estaba de viaje por el sur de España, un cassette que escuché cualquier cantidad de veces a lo largo de esa estancia en el país ibérico y que, por lo mismo, todavía se me vienen recuerdos de esos lugares al escucharlo, más de 30 años después. Es una canción que no me aburro de oír y fue tanto lo que me gustó el álbum que comencé a comprar el resto de la discografía que habían grabado, que para mi grata sorpresa era tan buena como «The Innocents«, aunque su sonido había ido evolucionando, algo que siguió ocurriendo a lo largo de su larga trayectoria pues siguen grabando juntos y llevan 18 álbumes de estudio grabados más otros tantos en vivo y recopilatorios».
Con motivo del segundo aniversario de este blog, allá por el año 2016, decidí crear una sección que ya había puesto en funcionamiento con anterioridad el amigo Salva en su blog “Mentalparadise”, ya desaparecido. La idea era crear lazos de unión entre la comunidad bloguera, utilizando la música como excusa; entonces animaba a participar a todos los amigos y seguidores de este blog para que nos contaran sus recuerdos y vivencias a través de cinco canciones, aquellas que por una razón u otra hubieran sido importantes en nuestras vidas. Hasta ahora hemos pasado por aquí veintiocho atrevidos, y esta semana se incorpora Antonio Chico, procedente de Guatemala, algo que me alegra especialmente porque esta sección se abre así a América Latina, donde me consta que este blog tiene también muchos seguidores. Antonio es autor de la web Música y Oxígeno, un proyecto que él mismo nos describe, con esa pasión y ese amor por la música de los que hace gala en todas sus entradas:
«Mi nombre es Antonio Chico, soy de Guatemala y Música y Oxígeno es un proyecto en el que he estado trabajando desde junio de 2018. Comenzó como un medio para compartir mi gusto por la música a través de canciones que tienen un significado especial en mi vida y cuando escribo acerca de ellas suelo impregnar a mis entradas los recuerdos que a través de esos temas vienen de regreso a mi memoria.
No soy músico, pero llevo la música en las venas y es parte indispensable de mi vida. Luego de mi familia, la música es lo que más amo en y me ha traído incontables horas de felicidad. Me considero una persona muy afortunada pues tengo un gusto musical considerablemente amplio y puedo disfrutar de gran cantidad de géneros musicales; en un momento puedo estar felizmente escuchando un tema de The Alan Parsons Project y luego poner una canción de Metallica o Daryl Hall and John Oates y de igual manera degustarlas. Y si se da el caso que es una canción que no es de mi gusto, al menos podré apreciarla.
Uno de mis mayores sueños es dedicar todo el tiempo que pueda a la música y paso a paso he logrado que el blog crezca y vaya teniendo reconocimiento al punto que ya he sido contactado por varios artistas para agradecer el que haya escrito acerca de sus canciones e incluso para presentarme su discografía. Y claro, el poder compartir e intercambiar impresiones con otros amantes de la música alrededor del mundo es algo significativamente especial y uno de los más valiosos aspectos de escribir. En Música y Oxígeno vemos las canciones reflejadas en la vida».
Como iréis viendo a lo largo de esta semana, la selección de Antonio es bastante ochentera. Comenzamos en el ámbito del pop y la new wave, con “Major Tom (Coming Home)”, del músico alemán Peter Schilling, un tema del año 1983 que, de alguna manera, es algo así como la continuación del clásico de David Bowie “Space Oddity”. Del tema de Schilling ya hablamos, aunque sólo fuera de pasada, en la entrada dedicada al grupo británico Fischer-Z; con ella tratábamos de ilustrar el episodio histórico conocido como “la crisis de los euromisiles”, a través de una serie de televisión “Deutchland 83”, que desarrolla su acción en este contexto. Tanto esta serie, como su continuadora “Deutchland 86”, utilizan esta canción de Peter Schilling como melodía de cabecera.
«Esta es mi canción favorita de la década de 1980 y tiene muchos recuerdos unidos a ella. Con tan solo empezar a escucharla me transporto de regreso a una época en la que todo era más sencillo y a un lugar en el que había lo que acostumbraba a llamar “maquinitas”, esos videojuegos en los que tenías que depositar monedas para poder jugar una partida. La canción habla de un viaje al espacio, un tema que toda la vida me ha fascinado y que está muy bien representado aquí, aunque el destino del protagonista de la canción no es precisamente envidiable, pues termina flotando sin rumbo en el espacio. Existe una versión en alemán (Schilling es de Alemania), que precedió a la cantada en inglés. La historia que esta canción presenta del caracter de Major Tom es una continuación no oficial de la que inició David Bowie en Space Oddity en 1969″.
Mi conexión con el rock progresivo y el hard rock comenzó hacia 1977-1978, cuando cursaba segundo de BUP (ya os he hablado de ello en una ocasión anterior); recuerdo que escuchábamos los grandes clásicos de Pink Floyd, Genesis, King Crimson, Jethro Tull, Camel, Emerson Lake & Palmer, Supertramp, Led Zeppelin y Deep Purple como si fueran de rabiosa actualidad cuando, en realidad, aquellos discos habían salido al mercado varios años antes. Acostumbrados a discos tan maravillosos como “Fragile”, “Close to the Edge”, “Thick as a Brick”, “Foxtrot”, «The Snow Goose”, “In the Court of the Crimson King”, “Tarkus”, «Wish You Were Here”, “Led Zeppelin IV”, “Made in Japan” o “Crime of the Century”, y con una edad -los quince años- poco dada a análisis rigurosos y ecuánimes, vivimos en directo los nuevos lanzamientos de nuestros grupos preferidos con una mezcla de estupor, indignación y tristeza; nuestros héroes nos estaban traicionando, sus nuevos discos parecían abandonar el rock progresivo para abrazar propuestas más comerciales, en torno al AOR y el pop. Creo que todo comenzó en 1978, cuando nuestras bandas favoritas parecía que se ponían de acuerdo para encadenar una serie de álbumes a cuál más decepcionante: “Tormato” (Yes), “And Then There Were Three” (Genesis) o “Breathless” (Camel). El desastre, siempre ante nuestro adolescente entendimiento, acabó por consolidarse al año siguiente, 1979, cuando se publicaron discos como “Stormwatch” (Jethro Tull), “Breakfast in America” (Supertramp) o “The Wall” (Pink Floyd). Con el paso de los años se me fue pasando el enfado y acabé reconciliándome con estos discos publicados entre 1978 y 1979, los cuales comencé a tener en cuenta por su valor intrínseco y no por su comparación con trabajos anteriores.
“Breathless” (1978) fue el sexto álbum de estudio de los británicos Camel, quienes ya han aparecido por aquí en entradas anteriores (“Never Let Go”, “The Snow Goose” y “Lady Fantasy”), un trabajo marcado por las disputas entre Andy Latimer y Peter Bardens, quien finalmente abandonó la formación tras la grabación de este álbum. Mientras que Bardens tomó mayor protagonismo en la composición de los temas que formaron parte del Lp anterior (“Rain Dances”, 1977), también del tímido intento por acercar el sonido hacia el jazz, Latimer hizo lo propio en “Breathless”, un disco que, tal vez sin ser de los mejores de Camel, a mí me ha acabado gustando mucho. De hecho, lo recomiendo a quienes deseen iniciarse con el rock progresivo y se asustan ante el virtuosismo y la complejidad de este género. “Breathless” es un álbum de rock sinfónico muy melódico y asequible; si queréis comprobarlo podéis comenzar con el tema “Summer Lightning”, el más pop de todos, incluso por momentos algo discoquetero, pero con un solo de guitarra final “made in Latimer” verdaderamente bello. Si os ha gustado, podéis poner el disco desde el principio pues, a buen seguro, los dos primeros temas no os van a dejar indiferentes; en primer lugar, el titulado “Breathless” y, en segundo lugar, “Echoes”, cuyo vídeo preside esta entrada, desde mi punto de vista la canción más progresiva de todas y, también la mejor. El tema empieza muy rápido, con una guitarra marcando la melodía principal y unos teclados que, poco a poco, van tranquilizando la composición hasta sumirla en una relajante quietud, de la que se sale hacia el minuto 3:30, entonces remonta hasta dar paso a la parte cantada, lo más pop de este tema; a partir del minuto 5 vuelve a entrar la sensual guitarra de Latimer secundada por los teclados de Bardens, que nos acompañan casi hasta el final.