Asia. “Heat of the Moment”

A los músicos, como a casi todo el mundo, les gusta el dinero, pero probablemente más aún sentirse vivos, admirados y queridos. A finales de la década de 1970, ir con pantalones de campana y melenas, mientras se ejecutaban complejas piezas musicales que formaban parte de sesudas obras conceptuales, no parecía algo que estuviera ya de moda; entonces se llevaban las camisetas de tirantes rotas, los peinados de colores con crestas y las canciones hechas con dos acordes y mensajes tan eruditos como “Never Mind the Bollocks”. Del final de la época dorada del rock progresivo hemos hablado en entradas anteriores; el punk arremetió contra este estilo de manera inmisericorde, por considerarlo elitista, pretencioso, poco divertido y, también, porque se pensaba que habían convertido al viejo R&R en un monstruo, que ya en nada se parecía a aquellas composiciones, sencillas y vitales, de los pioneros de este estilo. En este contexto de desmantelamiento del rock progresivo, cada grupo y cada músico de este género intentó hacer lo que buenamente pudo; algunos, como los protagonistas de nuestra entrada de hoy, decidieron refugiarse en el AOR, un estilo con mucho tirón popular en aquella época, que aún siendo muy comercial, conservaba algunas de las viejas esencias del hard rock y el rock sinfónico de los años setenta.

Cuando dos miembros de Yes (Steve Howe y Geoff Dones), uno de King Crimson (John Wetton) y otro de Emerson, Lake & Palmer (Carl Palmer) se unieron, en 1981, para formar un nuevo grupo llamado Asia, muchos aficionados al rock progresivo pensaron que este supergrupo salvaría al género y le pondría en el lugar que merecía; nada más lejos de la realidad, el primer disco de esta banda (“Asia”, 1982) era un álbum de AOR bastante comercial, que disgustó tanto a estos seguidores como gustó al gran público. De la vieja esencia de Yes, King Crimson y ELP quedaba poco más que la portada, diseñada por el artista de cabecera de Yes: Roger Dean. Para desesperación de los “progresivoadictos”, fue un gran éxito de ventas, en particular el tema titulado “Heat of the Moment”, con el que se iniciaba el álbum, compuesto por John Wetton y Geoff Downes. Con la perspectiva que nos ofrece el tiempo, y ya sin los condicionamientos y prejuicios de la época, sólo hay que escuchar el disco una vez (aquí lo podéis hacer) para darse cuenta de que es un excelente trabajo, como también lo fue su segundo Lp (“Alpha”, 1983), que recoge otro de los clásicos de esta ya longeva formación: “Don’t Cry”, al que también dedicamos una entrada hace tiempo. Finalizo con un pequeño guiño a mi admirado Steve Howe; no os perdáis este directo de 1983, en el que sobresale un excelente solo de guitarra de este músico.

The Desert Rose Band. “Glass Hearts”

El pop es un género que, al menos en mi opinión, ha tenido casi siempre más aceptación en España que el rock. Disfrutó de dos momentos especialmente buenos; el primero fue en los años sesenta, donde abundaron las versiones de los clásicos británicos y estadounidenses; el segundo fue en los ochenta y noventa cuando, además de temas originales, nuestros músicos también nos ofrecieron versiones acreditadas como tal y versiones encubiertas, es decir, canciones originales que se parecen sospechosamente a otras anteriores compuestas por autores diferentes. A alguno de vosotros quizás os parezcan demasiadas vueltas para hablar de plagios, yo prefiero el término menos arriesgado de “parecidos razonables”, al menos que exista sentencia judicial al respecto. A lo largo de estos años de travesía bloguera hemos tenido la oportunidad de hablar de alguno de estos temas; quizás el más evidente, por la repercusión que tuvo la canción para toda una generación de españoles, fue “Chica de Ayer” (Nacha Pop), pero también hemos hablado de otros como “Tócala Uli” (Gabinete Caligari) o “Molly” (Desperados); el compañero Ángel nos habló en su día del parecido entre “Agárrate a mí María” (Los Secretos) y “Carmelita” (Warren Zevon). Por supuesto, no son los únicos casos; véase, por ejemplo, la conocidísima melodía “Marta tiene un marcapasos” (Hombres G), muy parecida al tema “At the Zoo” (Simon & Garfunkel); el tema “Qué te pasa” (Manolo Tena), que recuerda a “All That Heaven Will Allow” (Bruce Springteen); algunos compases de “Dejad que las niñas se acerquen a mí” (Hombres G) y “Don’t Worry Baby” (The Beach Boys); o “Cuando Brille el Sol” de los granadinos La Guardia (acreditado a Joaquín Almendros y Manuel España), que se parece bastante al tema “Glass Hearts”, de la banda de country-rock The Desert Rose Band, por cierto, un género que practicó el grupo de Manuel España cuando estaban en su mejor momento de popularidad.

The Desert Rose Band fue un grupo creado por Chris Hillman -junto con Herb Pederson y John Jorgenson- tras su paso por formaciones como The Byrds, The Flying Burrito Brothers, Manassas o Souther-Hillman-Furay Band. Inició su andadura en 1985 y se disolvió en 1994, aunque en 2008 Hillman volvió a reunir al grupo para ofrecer un concierto en Nashville (EE.UU.) “Glass Hearts” fue incluida en el primer álbum (1987) de estudio de esta formación (grabaron media docena), titulado igual que la banda; en él también destacan otros temas, como “Ashes of Love”, “Once More”, “Love Reunited” o “Time Between. Aquí os dejo, para que los podáis ver en acción, una actuación en directo de 1987, en la que interpretan esta canción.

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Màquina! «Why?»

Creo que lo que hacíamos con Máquina! era lo que se debería hacer siempre en cualquier iniciativa artística musical: Destruir, inventar, disfrutar, e ignorar que la música puede ser un negocio. Teníamos veinte años y era fácil actuar así. Lo que tiene mérito es conservar estos parámetros a los cincuenta, y lo que jode es ver a gente de veinte años que hace música intentando meterse en el mercado como sea, haciendo lo que las discográficas creen que es lo que se va a vender. Si a los veinte no eres un transgresor, estás perdiendo unas vivencias imprescindibles”

Jordi Batiste, bajista de Màquina! Consultado en: Domínguez, Salvador. Bienvenido Mr. Rock. Los primeros grupos hispanos 1957-1975. Madrid: SGAE, 2002; pág. 545

El año pasado se cumplieron los cincuenta años de “Why?”, uno de los discos más importantes del rock español, de los primeros trabajos de rock progresivo publicados en nuestro país. De los orígenes de Màquina!, el grupo barcelonés que fue capaz de concebir este maravilloso disco, en una época en la que en nuestro país triunfaba el pop y los cantantes melódicos, se ha ocupado Àlex Gómez-Font en su interesante libro: Barcelona, del rock progresivo a la música layetana y Zeleste (Lleida: Milenio, 2011). En este texto, su autor nos habla de las diferentes formaciones que hubo en Màquina!, y de los cambios en su estilo hasta el otoño de 1970, cuando grabaron el que, a la postre, sería su único álbum de estudio. Comenzaron en 1968, como banda de acompañamiento de grupos y cantantes de folk, entre ellos Jaume Sisa, con el nombre de La Companyia S.L. Desde el principio cantaron en inglés, para diferenciarse de los artistas de la Nova Canço, aunque el propio Jordi Batiste -uno de los fundadores del grupo- ha admitido que realmente no sabían inglés y que todo era “bastante por la patilla”, pero “no concebíamos que la música que queríamos hacer fuera en catalán. En aquella época era difícil imaginarse un blues en catalán o castellano”. Estas palabras de Jordi Batiste, del que ya nos hemos ocupado en una entrada anterior, están recogidas en el artículo de Mario Escribano titulado “Un reloj sobre un cruasán: así nació el rock progresivo en España” (El Confidencial, 21/12/2020). En este texto, también se explica cómo se originó aquel embrión de Màquina!:

Queríamos hacer un grupo para hacer la música que nos gustaba, que luego se llamó progresiva, pero nosotros ni lo sabíamos ni nos interesaba ninguna etiqueta. Era música libre que nos permitiera improvisar y expresarnos de una manera libre, sin canciones que tuvieran la típica estructura (…) Su música consistía en una base de bajo, órgano y batería que iban desarrollando; un poco como pasa en el jazz pero con una estructura de blues”

Aunque el otro fundador del Màquina!, el teclista Enric Herrera, tenía unos gustos más psicodélicos y progresivos que Jordi Batiste, ambos coincidían en que su interés “iba más allá de la música comercial que se estaba haciendo en aquel momento en España, como Los Diablos o Fórmula V; era un concepto de cultura más abierto”. Incluso llegaron a rechazar una oferta del productor Alain Milhaud, a sabiendas de que con él probablemente hubieran conseguido el éxito, como en su momento lograron Los Bravos.

“Why?” es conocido, entre los aficionados al rock progresivo, como “el disco del cruasán” debido a su daliniana portada; su autor, Jordi Batiste, “solo buscaba hacer algo provocador y surrealista. No tiene ninguna historia. El otro día estuve viendo la sesión de fotos e hice de todo con el cruasán: lo clavé con un clavo en la pared, después le metí un interruptor… Y al final fue el reloj, pero todo con el mismo cruasán (…) No había mensajes ocultos: he llegado a leer que era porque a Franco le quedaba poco tiempo, pero no fui tan visionario”. La idea inicial para “Why?” era la de una sinfonía compuesta por Enric Herrera; sin embargo, una serie de circunstancias y de cambios de última hora, sobre todo la entrada del guitarrista José María Paris en sustitución de Jordi Batiste, que se había incorporado al servicio militar, trastocaron los planes. El tema homónimo, con el que encabezamos esta entrada, iba a tener unos tres minutos de duración, pero finalmente se alargó hasta veinticinco; así nos lo cuenta Enric Herrera:

Estábamos grabando Why?, había una estrofa cantada y un trozo de improvisación con una especie de duelo de guitarras. Empezamos a improvisar, a improvisar… Y nos enrollamos de tal manera y con tanta furia que no podíamos parar. Miraba al técnico a través del cristal y me hacía gestos de ‘¿qué está pasando?’ y yo le decía que seguíamos. Así salieron los 25 minutos de canción, por la cara. Me quedé sin sinfonía, vaya (…) la canción se grabó a la primera toma, aquí no había tiempo de repetir como ahora: ibas a saco”

No les quedó más remedio que partir el tema en dos y dividirlo entre las dos caras del Lp; apenas les quedó espacio para añadir otros dos excelentes cortes: “I Believe” y “Let Me Born”, aunque en reediciones posteriores se han añadido otras canciones. Volviendo al tema que nos ocupa, «Why?» dispone de una línea melódica (la inicialmente concebida para este disco) recogida al principio y al final de la composición; lo que sucede en medio es un milagro: rock progresivo, psicodelia, experimentalidad y jazz, algo así como el “In A-Gadda-da-Vida” patrio.

Stealers Wheel. “Stuck in the Middle with You”

Don’t let me be Misunderstood”, “She’s not there”, “You never can tell” o “Misirlou” son algunas de las canciones que han formado parte de las, siempre interesantes, bandas sonoras utilizadas por Quentin Tarantino para sus películas. En entradas anteriores nos hemos ocupado de esas melodías, hoy volvemos a recordar el gusto musical de este cineasta y el efecto divulgativo que suelen tener sus propuestas musicales entre el gran público. “Stuck in the middle with You” es un tema de la banda Stealers Wheel, que fue utilizado por Tarantino para su primer largometraje, el titulado “Reservoir Dogs” (1992); en concreto, aparece en una violentísima escena en la que Michael Madsen, con baile incluido, tortura al policía que tiene retenido mientras suena esta canción; aunque era el tema que él quería, les dijo a los actores que estaba abierto a otras posibilidades, por supuesto asumieron la sugerencia del jefe y éste quedó gratamente sorprendido con la crueldad que transmitía la escena (aquí la podéis ver). El compañero Nostromo, en el blog Musicaememorandum, alude a la desacertada o, cuando menos, desconcertante presentación radiofónica del tema que aparece en la película: “ni eran dúo, ni era una balada de Dylan, ni era de 1974”.

Efectivamente, la canción es de 1972 y, aunque en aquella época mucha gente pensó que era un tema de Bob Dylan, lo cierto es que pertenece al grupo Stealers Wheel, formado en la ciudad escocesa de Paisley por Joe Egan y Gerry Rafferty, cantautor éste último del que ya hemos hablado a propósito de su conocida composición “Baker Street”. Egan y Rafferty se conocieron siendo adolescentes, y en torno a ellos se formó Stealers Wheel; cuando publicaron su primer álbum (“Stealers Wheel”, 1972), en el que se incluyó “Stuck in the Middle with You”, formaban parte de la banda varios músicos, aunque poco tiempo después abandonarían la formación, pasando ésta a ser un dúo (Egan-Rafferty, los autores de la canción que hoy nos ocupa). Parece que bebían bastante y, aunque eran amigos de juventud, no se debían llevar muy bien; sólo pudieron grabar tres discos de estudio: el mencionado “Stealers Wheel” (1972), “Ferguslie Park” (1973) y “Right or Wrong” (1975), poco después acabarían disolviendo la banda.

“Stuck in the Middle with You”, el tema más conocido de esta formación, es una parodia de la industria musical y sus fiestas, que ha tenido bastantes versiones y una destacada presencia en el cine y la televisión. En lo que respecta a la parte musical, entre el folk-rock y el soft-rock, destaca la voz, la guitarra acústica y la steel guitar. Aquí podéis escuchar el álbum completo, que estuvo producido por los míticos Jerry Leiber y Mike Stoller, en el que se también se incluyó la balada “Late Again”, que quizás hayáis escuchado alguna vez. Al final de la entrada os dejo la portada de este álbum, obra de John Patrick Byrne, en la que parece que se pueden leer las palabras “Steelers Wheel” once veces (yo aún sigo buscándolas …) ¡Ah! No os perdáis el vídeo con el que encabezamos la entrada.

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Barbara Pittman. «Everlasting Love»

En la entrada titulada “Supervivientes del rockabilly”, perteneciente al blog We Are Rock, Marta nos habla de algunas de las pioneras del este género: “De mediados a finales de los cincuenta no dejaron de surgir vocalistas y otras instrumentistas que se atrevieron con un estilo musical muy masculinizado y que les llevó a tener que aguantar aspavientos, mofas o incluso abusos a nivel profesional y personal”. Entre estas mujeres que se atrevieron a frecuentar un espacio musical tan masculinizado como el rockabilly, Marta menciona a Barbara Pittman, una estadounidense proveniente de una familia numerosa, de padre indio y madre irlandesa, nacida el 6 de abril de 1938 en Memphis (Tenessee). Barbara era vecina y amiga de Elvis Presley, contacto que se vio reforzado gracias a las reuniones “Tupperware” a las que asistían sus respectivas madres. Según comentó en alguna entrevista, Elvis la iba a llevar de gira, justo en el momento en el que fue reclutado por el ejército de los Estados Unidos. Empezó en la música siendo muy joven y, según su hermana Carlene, siempre se ganó la vida como cantante, aunque no llegara a tener el éxito y el reconocimiento que merecía: “tenía buen sentido del humor”, “sabía bailar claqué” y “podía hacer cualquier cosa”.

A los diez u once años ya intentó grabar en Sun Records; entonces no lo consiguió, aunque sí unos años más tarde, en 1956, quizás debido a la intermediación de Elvis Presley. Antes formó parte del espectáculo vaquero de Lash La Rue, con quien hizo giras por todo el país. Con Sun Records grabó cuatro singles, entre 1956 y 1960, además de varias demos y material diverso, que nunca le publicaron; también grabó para Del-Fi Records, con la misma suerte. Pero, como decía su hermana Carlene, fue una superviviente todoterreno y siguió dedicándose a la música, ya fuera trabajando en bandas sonoras de películas adolescentes de terror y de moteros -generalmente bajo la denominación de Barbara & The Visitors- o en espectáculos diversos, tanto en su país como fuera de él. Regresó a Memphis en 1970, se casó con un coleccionista de discos alemán y formó su propia banda, que llegó a tocar en Europa (Eindhoven o Londres). Falleció el 29 de octubre de 2005.

Su tema más conocido quizás sea “I Need a Man” (1956), que también fue su primer sencillo, en él ya se podía apreciar muy bien su talento y su capacidad como vocalista de R&R. A mí me parece que daba mucho más en su vertiente más áspera y rockera que en la melódica o country, que fue la que más quisieron potenciar quienes la rodeaban. Su tercer single fue “Everlasting Love” (1958), es el tema que más me gusta de Barbara Pittman, tal vez porque en él se puede apreciar lo que pudo llegar a conseguir esta cantante si no hubiera nacido en aquel mundo de mujeres dulces y hombres rudos. Para finalizar, os dejo un enlace a la página de Barbara Pittman en Spotify, este tributo realizado por Rockabillyhall, en el que podéis leer un buen puñado de testimonios sobre esta artista, y este vídeo de 1980 con una actuación suya en directo.