The Tornados / Muse / Los Coronas. “Telstar” / “Knights of Cydonia” / “Knights of Telstar”

“Knights of Cydonia” es una de las canciones más populares de la banda británica de rock alternativo Muse. Su título hace alusión a la región del planeta marte de ese nombre, donde destaca el fenómeno conocido como “Cara de Marte”. Fue publicada como single en 2006 e incluida en “Black Holes and Revelations” (2006), el cuarto álbum de estudio de este grupo. Para su promoción utilizaron un divertido videoclip, a modo de cortometraje, ambientado como si fuera un spaguetti western futurista. Nunca he asistido a un concierto de Muse, pero según he leído suelen utilizar este tema para cerrar sus actuaciones en directo. El autor de “Knights of Cydonia” es Matt Bellamy, el vocalista de Muse; él compuso esta canción a partir de un tema de comienzos de los sesenta llamado “Telstar”, publicado en honor al satélite de comunicaciones Telstar, lanzado al espacio el 10 de junio de 1962. Fue escrito por el compositor y productor Joe Meck (un personaje singular, aquí podéis saber más de él) para la banda de surf rock instrumental The Tornados, de la que formaba parte George Bellamy, el padre del mencionado Matt Bellamy, cantante de Muse y autor de “Knights of Cydonia”. Meek intentó dotar a “Telstar” de los elementos necesarios para recordar este evento espacial, a menudo efectos especiales caseros, como la descarga del depósito de un inodoro; también utilizó un instrumento, el clavioline, que es algo así como un antecedente del sintetizador. Lo que no sé si le contó George Bellamy a su hijo es que Joe Meck no llegó a cobrar por los derechos de autor de esta melodía; en 1963, poco tiempo después de que saliera al mercado “Telstar”, el compositor francés Jean Ledrut acusó de plagio a Meck, al considerar que “Telstar” era una copia de “La Marche d’Austerlitz”, una pieza que formaba parte de la partitura escrita para la película “Austerlitz”. El litigio finalizó en 1967; los jueces entendieron que no había habido intención de plagio aunque, efectivamente, existían coincidencias entre ambos temas; Meck fue absuelto, aunque se le obligó a pagar una indemnización a Jean Ledrut. Sin embargo, alguien debió de pagar por él y nunca llegó a disfrutar de los derechos de autor que generó esta canción porque se había suicidado tres semanas antes de conocerse la sentencia. Sea como fuere, “Telstar” ha sido un tema muy versionado: Kenny Hollywood (la primera con letra), The Ventures, The Shadows, The Eagles, The Spotnicks, The Lively Ones, The Ashley Hutchings Big Beat Combo, OMD, Bill Frissell, Bitch Boys, Los Mustang, Alberto Cortez (en español), Les Compagnons de la Chanson (en francés), etc. Para finalizar, una vuelta de tuerca más a la historia de hoy; en el tercer vídeo destacado podéis escuchar otro tema diferente: “Knights of Telstar”, de Los Coronas, una especie de fusión entre “Telstar” y “Knights of Cydonia”.

Hoy tenemos tres canciones en lugar de una, tres temas emparentados, con un padre y un hijo como protagonistas, y uno de mis grupos españoles actuales preferidos actuando como nexo de unión entre ambos ¡Feliz Navidad para todos!

Imán Califato Independiente. “Darshan”

Imán Califato Independiente es una banda de rock sinfónico arábigo-andaluz creada en 1976 en torno al bajista Iñaki Egaña, el guitarrista Manuel Rodríguez, el batería Kiko Guerrero … y el gurú Maharaji, por el que sentían auténtica devoción los miembros de esta banda, también los que se integraron poco tiempo después, como el teclista Marcos Mantero, y otros compañeros que acabaron abandonando este proyecto (Pablo Becerra, Federico Cordón o Luis Delgado). Primero se instalaron en Madrid (en el barrio de Fuencarral), después en Jerez (en casa de Kiko Guerrero) y, finalmente, en el Puerto de Santa María, donde vivieron en comuna, incluso con un cocinero especializado en comida vegetariana; así nos lo cuenta Marcos Mantero:

«Acabamos viviendo todos juntos en el Puerto de Santa María, en una casa medio en el campo, en el Camino del Águila (…) Tenía un pequeño terreno con una especie de nave que había sido utilizada como tostadero de pipas de girasol. La forramos toda con colchones desechados de la Base de Rota y la convertimos en nuestro local de ensayo».

Sólo publicaron dos álbumes: «Imán Califato Independiente» (1978) y «Camino del Águila» (1980), dos excelentes trabajos progresivos impregnados de jazz-rock y de influencias hindúes, mediterráneas, arábigas y andaluzas. El grupo se disolvió en 1980, aunque se han reunido esporádicamente en alguna que otra ocasión. Marcos Mantero nos habla de las posibles razones que pudieron motivar la ruptura:

«No sé exactamente a qué se debió la disolución de Imán, aunque fui yo el que decidió dejar el grupo y, a partir de eso, se disolvió. Quizás no supimos adaptarnos al cambio de vivir en una especie de comunidad hippie, donde ni siquiera nos repartíamos el dinero, sino que cada uno cogía lo que necesitaba, a pasar a la formación de parejas, matrimonios, niños …»

En cuanto a su estilo, Mantero reconoce claramente influencias de bandas como Pink Floyd o Weather Report, aunque también está presente en ellos, al menos así me lo parece a mí, el clásico sonido de la «Escena Canterbury» y los aromas catalano-mediterráneos característicos de bandas como Iceberg, algo que se evidencia en temas como el que hoy os propongo: «Darshan», una mini-suite instrumental de nueve minutos de duración perteneciente a su primer álbum, cálida y cambiante, con la guitarra y los teclados luciendo a gran nivel, al igual que la sección rítmica. El resto de temas de este disco son igual de buenos, en especial el que ocupa toda la cara A, «Tarantos del Califato Independiente«, que estoy seguro va a cautivar a todos los aficionados al rock progresivo.

Las citas están tomadas del libro de Salvador Domínguez. Los Hijos del Rock. Los Grupos Hispanos 1975-1989. Madrid: SGAE, 2004; págs. 415-420.

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Sonata Arctica. «8th Commandment»

Creo que esta es la tercera entrada que dedicamos al power metal; en la primera, con la banda finlandesa Stratovarius como protagonista, me atrevía a tipificar este subgénero del heavy metal con lo que, a mi entender, son sus principales rasgos distintivos; la segunda giraba en torno al personaje histórico de Torquemada, visto a través de los asturianos Avalanch. Hoy vuelve a aparecer por aquí un grupo finlandés, precisamente muy influenciado por la obra de sus paisanos Stratovarius, como ellos mismos han reconocido en alguna ocasión, incluso fueron sus teloneros en el año 2000, cuando éstos eran ya una banda consagrada. Sonata Arctica comenzó su andadura musical en 1996, con el nombre de Tricky Beans (en 1999 transformado en Tricky Means), un grupo que tocaba temas de hard rock clásico en directo; en sus primeros años no grabaron ningún disco, apenas tres maquetas que no fueron enviadas a ninguna compañía discográfica. Adquirieron su nombre definitivo (Sonata Arctica) en 1999, tras la grabación de la demo “Full Moon” y la posterior publicación de su primer álbum de estudio, “Ecliptica” (1999). A pesar de la valoración realizada por alguna web especializada, a mí me parece un álbum excelente, con muy buen sonido y un puñado de canciones a cual mejor: “Replica”, “My Land”, “Kingdom for a Heart”, “Full Moon”, “Letter to Dana” (os recomiendo que visitéis el blog Rocktelegram, donde el amigo Alex nos plantea un interesante relato a partir de la letra de esta melodía) o “8th Commandment”. Podía haber elegido cualquiera de estos temas para ilustrar la entrada, finalmente me he inclinado por la última de las citadas (aquí tenéis una versión en directo), compuesta por el vocalista Tony Kakko y el guitarrista Jani Liimatainen, por varias razones: en primer lugar por su velocidad, lo que me hace pensar en bandas precursoras del power metal, como Deep Purple o Rainbow; en segundo lugar, por su riqueza melódica, porque se escuchan claramente todos los instrumentos y por la voz de Tony Kakko, que luce aguda y poderosa, como era habitual en el heavy metal hasta la aparición de los sonidos guturales característicos del black o el death metal; en tercer lugar, por su riqueza instrumental: bajo y batería contribuyen al ritmo vertiginoso, mientras que los teclados y la guitarra suenan con complicidad, olvidando viejos prejuicios metaleros en torno al uso de los teclados en este género; y, por último, por su reflexión en torno al Octavo Mandamiento, el que se refiere a la mentira, el falso testimonio, la maledicencia o la injuria.

The Hollies / Robert Gordon / Brian May / «It’s Only Make Believe»

The Hollies fue un grupo beat de los que podríamos englobar dentro del movimiento musical conocido como British Invasion. Fue creado en Manchester, en 1962, por dos compañeros y amigos del colegio, Allan Clarke y Graham Nash, que se conocían desde que tenían cinco años. Siempre mostraron interés por la música y, cuando comenzaron a crecer, se establecieron como dueto semi-profesional, con un estilo parecido al de los Everly Brothers; en 1962 conocieron a Eric Haydock y Don Rathbone, juntos crearon The Hollies. A la formación original se uniría el guitarrista Vic Steel, sustituido poco después por Tony Hicks; en 1963 entro a formar parte de la banda Bobby Elliot (batería) en sustitución de Rathbone, convertido en representante del grupo; y en 1968, cuando Graham Nash abandonó la formación para constituir Crosby, Still & Nash, se incorporó Terry Syvester. El período más exitoso de los Hollies fue la década de los sesenta, también la de los setenta y, a juzgar por lo visto en su página web, aún continúan en activo. Publicaron sus primeros singles en 1963 y su primer álbum en enero de 1964, un trabajo titulado «Stay with the Hollies», en el que se incluyó un tema o dos escritos por ellos, aunque la mayoría eran versiones de Chuck Berry, Little Richard, Maurice Williams, Ray Charles, Berry Gordy Jr. o Conway Twitty.

«It’s Only Make Believe» es un tema country escrito precisamente por Conway Twitty y Jack Nance, publicado por el primero en 1958. Según nos cuenta Eduardo en su blog River of Country, fue el primer número uno de este artista, con más de ocho millones de singles vendidos; nos cuenta la historia de un hombre muy enamorado que desearía verse correspondido por su novia, al parecer menos entregada a la relación. Las versiones country y melódicas son mayoría (Loretta Lynn & Conway Twitty, Glen Campbell, Mina, Wanda Jackson, Lynn Anderson, Connie Francis, Billy Fury, Child, etc.), aunque también las hay más singulares, como las de Fiona Apple, Cold Chisel o Misfits. Después de escuchar a los Hollies (prestad atención a su delicado y elegante solo de guitarra), os propongo al rockabilly Robert Gordon con una versión publicada en su álbum «Rock Billy Boogie» (1979); y, para finalizar, al guitarrista de Queen, Brian May, que publicó este tema como single, en 1998, con una banda de excepción: Cozy Powell (batería), Jamie Moses (guitarra), Spike Edney (teclados) y Neil Murray (bajo).

Prince and The Revolution / The Waterboys / Dwight Yoakam. «Purple Rain»

En 1984 Prince ya era un músico conocido, había grabado cinco álbumes de estudio y se había rodeado de una banda, The Revolution, que le acompañaría en sus tres siguientes discos: «Purple Rain» (1984), «Around the World in a Day» (1985) y «Parade» (1986). «Purple Rain» fue, en realidad, la banda sonora de la película del mismo nombre, dirigida por Alberto Magnoli en 1984 y protagonizada por el propio Prince; fue todo un éxito de taquilla, recaudó más de ochenta millones de dólares cuando apenas había costado una décima parte, y logró un Oscar a la mejor banda sonora original, de la que se vendieron más de veinte millones de copias en todo el mundo, pero también un par de premios Razzie, los antioscars que premian a las peores películas, actores, directores y guionistas del año. El disco obtuvo el respaldo de la crítica y dos premios Grammy; suele estar en la lista de mejores discos de rock de todos los tiempos y, para muchos, es el mejor trabajo de este singular artista, fallecido el 21 de abril de 2016, a los cincuenta y siete años. «Purple Rain» finaliza con la canción que da título al disco, una balada pop-rock de casi nueve minutos de duración compuesta por Prince -como la práctica totalidad de los temas que componen este álbum-, grabada en directo en el Club First Avenue de Minneapolis (Minnesota) que, con el paso del tiempo, se convirtió en una de las imprescindibles en casi todos sus conciertos; a destacar el excelente trabajo de guitarra, su ritmo misterioso, envolvente, y la bella y enigmática letra. A Prince le preocupaba que hubiera algunas partes de la canción similares al tema «Faithfully«, de Journey; al parecer, Prince habló con el teclista de la banda, Jonathan Cain, autor de la melodía y éste no puso pegas, en realidad apenas sólo había tres o cuatro acordes en común. Existen versiones de «Purple Rain» orientadas hacia el jazz (Holly Cole, Randy Crawford, etc.), otras a capella (Flying Pickets), y las hay próximas al country (LeAnn Rimes), al soul (Lucky Peterson o Etta James), al reggae (Radio Riddler) o al rock (Bruce Springsteen, Rumble on the Beach, etc.), hasta David Gilmour -el guitarrista de Pink Floyd- quiso homenajear a Prince cuando falleció incluyendo un fragmento de esta canción en una interpretación en directo de «Confortably Numb» (hacia el minuto 4:30). Para acompañar a la interpretación original de «Purple Rain» he elegido dos versiones bien diferentes; la primera es la de la banda de rock y folk celta The Waterboys, incluida en su álbum en vivo «The Live Adventures of the Waterboys» (1998); la segunda pertenece al último disco del músico country Dwight Yoakam, titulado «Swimmin’ Pools, Movie Stars» (2016).