Free / Maggie Bell / Gary Moore. “Wishing Well”

Los buenos aficionados al blues-rock y al hard rock conocen bien a la banda inglesa Free, de las mejores durante los años dorados de estos estilos, entre mediados de las décadas de 1960 y 1970. Sin embargo, para los que sólo escuchan Rock FM y emisoras similares, Free es el grupo de la canción “All Right Now”, de la que quizás nos ocupemos en otra ocasión (si la “putrefacción sonora” aún lo permite). Según nos cuenta Álvaro Corazón Rural, en un artículo publicado en Jot Down titulado “Free y la maldición de ‘All Right Now’”, esta banda se formó en Londres, hacia 1968, a partir del cantante Paul Rodgers, el bajista Andy Fraser, el batería Simon Kirke y el excelente guitarrista Paul Kossoff, fallecido a los veinticinco años de una embolia pulmonar, probablemente agravada por su nefasto estilo de vida, en el que el consumo de drogas fue algo habitual desde que cumpliera los quince años. El nombre de Free lo sugirió Alexis Corner, uno de los nombres fundamentales del british blues, cuando los vio tocar juntos por primera vez; se quedó fascinado con aquellos chavales que, a pesar de su edad (entre quince y diecisiete años), ya tenían experiencia en grupos anteriores como Brown Sugar, John Mayall & The Bluesbreakers o Black Cat Bones. Los dos primeros discos (“Tons of Sobs”, 1969 y “Free”, 1969) no tuvieron mucho éxito; y el tercero (“Fire and Water”, 1970) quizás tampoco lo hubiera tenido si no llega a ser por “All Right Now”, canción que los situó en las listas de éxitos y ventas, convirtiéndolos -injustamente- en un grupo one-hit wonder. Antes de que el grupo se disolviera definitivamente en 1973, después de un amago de ruptura en 1971, grabaron tres Lps más: “Highway” (1970), “Free at Last” (1972) y “Heartbreaker” (1973).

La canción que hoy nos ocupa, “Wishing Well”, formó parte del último álbum de esta formación (“Heartbreaker”, 1973), ya sin Andy Fraser (sustituido por Tetsy Yamauchi), con John “Rabbit” Bundrick a los teclados y con otros músicos de apoyo. Compuesta por todos los miembros de la banda (al menos así figura en los créditos), “Wishing Well” parece querer trasladarnos un mensaje de alerta ante el consumo de drogas. Al principio se pensó que la letra iba dirigida al guitarrista Paul Kossoff; sin embargo, Paul Rodgers la pudo escribir pensando-consciente o inconscientemente- en personas que conocía, como Bevan T. Woodhouse, un amigo del grupo al que se suele citar como fuente de inspiración de esta canción. Dos años después, este tema fue incluido en el tercer álbum en solitario (“Suicide Sal”, 1975) de la cantante escocesa Maggie Bell, cuya voz recuerda bastante a la de Janis Joplin; y, en 1982, Gary Moore incluyó “Wishing Well” en uno de sus mejores trabajos y de los más representativos de su etapa hardrockera-metalera: “Corridors of Power”. Pero no son las únicas versiones que se han hecho de esta melodía; véanse, por ejemplo, las debidas a Blackfoot, The Mission, Quiet Riot, Joe Lynn Turner, Queen & Paul Rodgers, Jon Lord (con Maggie Bell) o Siggi Schwarz & Michael Schenker.

Serrat. “Aquellas pequeñas cosas”

La vida es una suma de pequeñas cosas, de recuerdos que nos hacen llorar en la intimidad, cuando nadie nos ve. Éste es el sentir de una de las canciones más emocionantes y bellas del cantautor catalán Joan Manuel Serrat. “Aquellas pequeñas cosas” forma parte del álbum titulado “Mediterráneo” (1971), tal vez el más conocido y valorado de este artista; fue compuesto en su totalidad por él -excepto la letra de “Vencidos”, basada en un poema de León Felipe- e incluye temas tan recordados como “Mediterráneo”, “La mujer que yo quiero”, “Tío Alberto”, “Lucía”, “Barquito de papel” o la protagonista de nuestra entrada de hoy. La producción musical del disco estuvo a cargo de Piero Reverberi y de Juan Carlos Calderón, quienes también intervinieron en los exquisitos arreglos de este disco, al igual que Antoni Ros Marbà; Francesc Burrull cayó del proyecto cuando había empezado a trabajar en los temas “Mediterráneo” y “Vencidos”. En opinión de Luis García Gil (Serrat, canción a canción. Barcelona: Ronsel, 2004; págs. 112-113), “’Aquellas pequeñas cosas’ supone una introspección en la fragilidad de los recuerdos”:

“Asoma aquí la nostalgia y la capacidad sintética del cantautor para, prodigiosamente, narrarnos en poco tiempo lo que los recuerdos y el paso del tiempo traen consigo. Un violín y una guitarra son ahora los instrumentos que portan las emociones. ‘Aquellas pequeñas cosas’ es una canción mayúscula que tiene, como en ‘Barquito de papel’, la perfección de la síntesis, porque en poco campo expresivo todo se dice, nada se esconde. El tiempo naufraga y los recuerdos emanan de las palabras volcadas desde el sentimiento de la pérdida, de la huida, porque machadianamente Serrat canta lo que se pierde. Música y texto vuelven a dialogar ejemplarmente con hallazgos melódicos de primer orden. La escritura se revela espontánea y profundamente poética sin necesidad de recurrir a pareados forzados”

García Gil, Luis. Serrat, canción a canción. Barcelona: Ronsel, 2004; págs. 112-113.

En 1984, Serrat volvió a registrar esta canción, esta vez para el álbum “En directo” (1984), en el que intervinieron músicos tan destacados como Ricard Miralles (piano), Josep Mas ‘Kitflus’ (teclados), Jordi Clua (bajo), Francesc Rabassa (batería) y Albert Cubero (guitarra); en esta nueva grabación Serrat modificó la primera estrofa, para corregir un error lingüístico: “Uno se cree que las mató el tiempo y la ausencia”, en lugar de como aparece en el álbum de estudio: “Uno se cree que los mató el tiempo y la ausencia”. Luis García Gil, en el texto mencionado líneas arriba, nos recuerda que este imperceptible cambio no ha sido recogido en la mayor parte de las versiones que se han hecho de este tema; en la nota 93 (página 112), este autor nos habla de las principales versiones de esta canción emblemática de Serrat: Ketama, Gino Paoli, Rolando Ojeda, Santiago Auserón, Presuntos Implicados, La Voss del Trópico, Tania Libertad, El Consorcio, La Vieja Trova Santiaguera, etc. “Aquellas pequeñas cosas” ha sido grabada más veces por Serrat: para el disco “Serrat sinfónico” (2003), para el álbum titulado “Dos pájaros de un tiro” (2007) -realizado junto a Joaquín Sabina- o incluso en italiano, en el álbum “Quelle piccole cose” del grupo Pan Brumisti. Y finalizo con el punto de vista del autor sobre esta canción, a través de testimonios recogidos en el libro de Jordi Vicente y Carlos Cubeiro, titulado Serratología. Joan Manuel Serra en cincuenta canciones comentadas e ilustradas:

“Quería reflejar cierta ternura de lo cotidiano, la gran dimensión que adquieren en nosotros muchas veces las pequeñas cosas (…) Nada es indiferente. Todo lo que hay a nuestro alrededor es importante y, si a alguien no le pareciese así, le pediría sencillamente un minuto de reflexión. Cada una de las cosas que uno tiene alrededor significan o significaron algo o uno espera que vayan a significar algo (…) Por eso, muchas veces abriendo cajones, removiendo papeles o hurgando en las buhardillas, uno encuentra cosas pequeñas que le dan la vuelta al corazón (…) y hacen que el cerebro camine por otro rumbo muy diferente al que tenía unos segundos antes (…) Para mí son muy importantes estas pequeñas cosas, porque solo a base de estas pequeñas cosas puedo hacer mi gran cosa o nuestra gran cosa”.

Vicente, Jordi & Cubeiro, Carlos. Serratología. Joan Manuel Serra en cincuenta canciones comentadas e ilustradas. Barcelona: Comanegra, 2015; pág. 53.

Uno se cree
que las mató
el tiempo y la ausencia.
Pero su tren
vendió boleto
de ida y vuelta.

Son aquellas pequeñas cosas,
que nos dejó un tiempo de rosas
en un rincón,
en un papel
o en un cajón.

Como un ladrón
Te acechan detrás
de la puerta.
Te tienen tan
a su merced
como hojas muertas

que el viento arrastra allá o aquí,
Que te sonríen tristes y
nos hacen que
lloremos cuando
nadie nos ve.

Il Bacio de la Medussa. «Scorticamento di Marsia (Part I,II,III,IV)»

Il Bacio della Medusa es un grupo de rock progresivo italiano creado en septiembre de 2002 por Simone Cecchini (voz, guitarra acústica), Federico Caprai (bajo) y Diego Petrini (batería, teclados); en 2003 se unieron a la banda Simone Brozzetti (guitarra eléctrica) y Eva Morelli (flauta, saxo); y, en 2005, lo hizo el violinista Daniele Rinchi. Su primer álbum, publicado en 2004, se tituló igual que la banda; y, según consta en su página web, tienen otros tres discos de estudio (“Discesa agl’inferi d’un giovane amante”, 2008; “Deus lo vult”, 2012; y “SEMEX*”, 2018), además de algunas compilaciones y álbumes en directo, como el reciente “AnimAcustica” (2020).

Volviendo a su primer trabajo, fue reeditado por BWR en 2006 y por AMS Records en 2015; ésta última es, precisamente, la grabación que podéis escuchar a través de Spotify. Si lo hacéis, en seguida os daréis cuenta que Il Bacio della Medussa es una formación que bebe de los postulados musicales establecidos por el rock sinfónico italiano durante la década de los setenta, bien representado por bandas como Premiata Forneria Marconi, Le Orme, Banco del Mutuo Soccorso o Latte e Miele. “Il Bacio della Medusa” es un disco en el que tienen cabida la fusión y la crispación crimsoniana -especialmente manifiesta cuando el saxo entra en acción-, el folk al estilo de Jethro Tull -sobre todo cuando la flauta se apodera de la composición- y esa dulzura tan característica del rock progresivo italiano, heredada de la tradición melódica italiana.

En el tema que he elegido para ilustrar esta entrada, la suite “Scorticamento di Marsia (Part I,II,III,IV), compuesta por Simone Cecchini y Diego Petrini, se pueden apreciar bastante bien estas influencias que, además, ayudan al desarrollo cambiante que nos ofrece este sorprendente y bello tema. Empezamos con un cierto tono experimental y una melodía inquietante; apenas un minuto después entran la guitarra acústica y la flauta de Eva Morelli, a lo Jethro Tull; hacia el minuto 4:07 se incrementa el ritmo, mientras toman el mando la guitarra eléctrica y la parte cantada, que se alternan en el protagonismo a la vez que la flauta ayuda a coser la melodía; en el minuto 7 comienza una nueva parte cantada -acompañada por la guitarra acústica-, al estilo de la canción melódica italiana, en la que sobresale un emotivo solo de guitarra; la parte más crimsoniana la podemos apreciar a partir del minuto 10:24, cuando los riff de guitarra eléctrica se hacen más enérgicos, alternando con los sonidos jazzísticos del saxo. En el álbum “AnimAcustica” (2020), citado anteriormente, se ha incluido una muy lograda versión acústica en directo de esta melodía (aquí la podéis escuchar).

Neil Diamond / Tony Tribe / UB40. “Red Red Wine”

En 1978, en la Birmingham (Inglaterra) más proletaria, un grupo de amigos de la infancia creaban una banda de reggae rock a la que llamaron UB40; tuvieron que comprar sus primeros instrumentos con la indemnización que recibió uno de sus integrantes, Alistair Campbell, como compensación por una pelea ocurrida en un pub. Los descubrió Chrissie Hynde, la conocida vocalista del grupo The Pretenders, cuando actuaban en pubs y clubs nocturnos; en 1979 se los llevó como teloneros a la gira de su banda; en 1980 publicaron su primer álbum (“Signing off”) y, en 1983, obtuvieron su primer gran éxito con el tema que hoy nos ocupa: “Red Red Wine”, el cual incluyeron en su disco de versiones “Labour of Love” (1983). Los componentes de UB40 conocieron esta canción a través de la versión que, en 1969, había publicado el artista jamaicano Tony Tribe; siempre pensaron que el tema era suyo, hasta que les tocó asignar la autoría en los títulos de crédito, entonces se dieron cuenta que no era de Tripe sino de un tal “N Diamond”: “incluso cuando vimos el crédito por escrito que decía ‘N Diamond’, pensamos que era un artista jamaiquino llamado Negus Diamond» (Astro, consultado en Wikipedia).

Por supuesto, el tema no es ni de Tony Tribe ni de Negus Diamond, sino del neoyorkino Neil Diamond. Lo publicó en 1967 como sencillo y, también, lo incluyó en su segundo álbum de estudio (“Just for You”, 1967), con una letra en la que reivindicaba el vino tinto como único remedio para paliar el mal de amores. Con el paso del tiempo, Neil Diamond ha llegado a reconocer que la interpretación de UB40 es una de las mejores versiones que se han hecho de sus canciones, incluso la ha llegado a tocar en directo con los arreglos reggae de la banda inglesa (aquí lo podemos comprobar). El original de Neil Diamond es melódico, acústico y algo sombrío, mientras que las versiones de Tribe y UB40 son más alegres y están interpretadas en clave reggae. El tema salió en 1967 y, desde el principio, hubo dos líneas diferentes de versiones: a lo Neil Diamond y a lo Tony Tribe; en el primer grupo podríamos situar las debidas a Jimmy James & The Vagabounds (1968), Peter Tetteroo (1968), Charles Mann (1969), Vic Dana (1970), Roy Drusky (1971) o Suzzanne Klee (1977); en el segundo citaremos las adaptaciones realizadas por Eddie Lavette (1969) o Painted Garden (1969). En 1983 se publicó la de UB40 y, también, la instrumental de Dave Kelly Band, al estilo Diamond pero más blusera. Desde entonces, han predominado las versiones realizadas a partir del patrón dejado por UB40 (James Last, Lou Bega, John Holt o The Hobos), aunque también las hay al modo Neil Diamond, como la ejecutada por Van Broussard.

The Paul Butterfield Blues Band. “Born in Chicago”

Paul Butterfield fue un músico de blues nacido a finales de 1942, en la localidad estadounidense de Chicago; falleció en mayo de 1987, con cuarenta y cuatro años, debido a una sobredosis de drogas en la que también se mezclaron los tranquilizantes y el alcohol. Está considerado como uno de los armonicistas más importantes del blues, y uno de los primeros artistas en difundir este género entre la población blanca aficionada al rock. Durante su juventud, estudió flauta clásica y practicó el atletismo, deporte que tuvo que abandonar debido a una lesión de rodilla. Ya refugiado en la música, a finales de los cincuenta, conoció al cantautor Nick Gravenites; juntos recorrían los locales de la capital de Illinois donde se tocaba blues en directo, en aquellas incursiones conocieron a leyendas del blues como Howlin’ Wolf, Otis Rush, Little Walter o Muddy Waters, quienes a menudo los animaban a participar en aquellas improvisadas sesiones. Así fue como empezaron a tocar en algunos locales de la ciudad, como el dúo Nick & Paul. A comienzos de la década de 1960, Paul Butterfield conoció al guitarrista Elvin Bishop; ese fue el germen de la Paul Butterfield Blues Band, grupo al que acabaron uniéndose el bajista Jerome Arnold y el batería Sam Lay. A esta formación, contratada para actuar regularmente en el club Big John’s de Chicago, se incorporó el guitarrista Mike Bloomfield.

Éstos fueron los músicos que se comprometieron con la discográfica Elektra para grabar su primer álbum, titulado “The Paul Butterfield Blues Band” (1965). En él se incluyeron versiones de músicos de blues como Elmore James, Willie Dixon, Muddy Waters o Junior Parker, además de temas escritos por los miembros de la banda. El disco comienza con el tema “Born in Chicago”, compuesto por el ya mencionado Nick Gravenites; él y Mike Bloomfield tocaban esta canción en algunos clubs de Chicago a principios de los sesenta. Fue precisamente Bloomfield quien propuso grabar esta melodía; aunque al principio Butterfield se negó, finalmente acabaron por grabarla, primero en una versión para un álbum de muestras de Elektra Records y, después, la definitiva que formó parte del Lp, con el apoyo del teclista Mark Naftalin. La letra se hace eco de la vida violenta en las calles de Chicago, donde -desde jóvenes- los chicos se acostumbran y sufren con el uso de armas de fuego. Aunque hay bastantes versiones de «Born in Chicago», sólo os voy a mencionar dos, eso sí, en registros diferentes; por un lado, la grabada por la banda de rock alternativo Pixies, incluida en el disco recopilatorio “Rubáiyát: Elektra’s 40th Anniversary” (1990) y, por otro, un interesante directo de Tom Petty junto a sus Heartbreakers.