The Five Satins / Santo & Johnny. “In the Still of the Night”

The Five Satins es un grupo norteamericano de doo-wop creado en 1954 y, al parecer, aún en activo con su líder Fred Parris al frente. Grabaron su primer single (“All Mine”) en 1955, después vendría “In the Still of the Night”, su gran éxito, la canción por la que aún hoy son recordados. Esta melodía fue compuesta por el mencionado Fred Parris y grabada en el sótano de la Saint Bernadette Catholic School de New Haven, en el estado de Connecticut (EE.UU.), para la discográfica Standord; la cara B fue ocupada por el tema “The Jones Girl”. Aunque no gozó de un gran éxito en el momento de su lanzamiento, consiguió auparse al puesto veinticuatro de las listas nacionales de pop cuando el tema fue reeditado por el sello Ember; después, durante décadas, fue una de las canciones habituales en las emisoras oldies de radio y, entre los años 1987 y 1988, se vendieron más de diez millones de copias al incluirse en la banda sonora de la película “Dirty Dancing”. También ha aparecido en otros largometrajes, como “Inseparables” (David Cronenberg, 1988) y, con mayor protagonismo (escena inicial y créditos finales), en “El Irlandés” (Martin Scorsese, 2019). Como el título de esta canción es el mismo que el de un tema de Cole Porter, también es habitual encontrarla escrita como “In the Still of the Nite”. Sea como fuere, se trata de una de las baladas doo-wop más conocidas, recordadas y versionadas de este género.

En las entradas dedicadas a los temas “The Great Pretender” y “Earth Angel” señalábamos algunas de las características más importantes del doo-wop, pero no dijimos que este término quizás esté tomado de la canción que hoy nos ocupa y de alguna otra, como “When You Dance” de los Turbans; os recomiendo que os fijéis en el estribillo lastimero que hace de puente, justo en el momento en el que entra el saxo, ahí se puede escuchar claramente lo siguiente: “doo wop, doo wah”. Como alternativa al original de los Five Satins, os propongo la interpretación realizada por el dúo instrumental Santo & Johnny, que también tuvo bastante éxito durante los años sesenta. Por supuesto, existen más versiones; véanse, por ejemplo, las de The Crests, The Dovells, Dion, The Fleetwods, The Tokens, Jan & Dean, Paul Anka, Sha Na Na, The Beach Boys, Boyz II Men (muy conocida y exitosa), Blend, Lynn Stanley (en clave jazz) o Barrio Boyzz (en español). Os dejo con una recomendación recogida en el disco “Doo Wop Ballads”, un precioso recopilatorio editado por la discográfica Rhino en 1987, con el que conocí este estilo: “Para obtener el máximo efecto, no reproduzca este álbum durante el día. No lo ponga en la playa o en un picnic y, por favor, no desperdicie estas canciones con alguien que no le guste. Todas estas canciones están pensadas para ser escuchadas a altas horas de la noche, con las luces bajas y con alguien a quien amas».

The Five Satins

The Crickets (Buddy Holly). “That’ll Be The Day”

En las entradas dedicadas a los temas “Everyday” y “Heartbeat” repasábamos algunos datos biográficos concernientes a Buddy Holly, uno de los pioneros más destacados del R&R a pesar de su temprana muerte, el 3 de febrero de 1959, con tan solo veintidós años, en aquel fatídico accidente aéreo conocido como “El día que murió la música”, pues en él también fallecieron Ritchie Valens, The Big Bopper y el piloto del avión. En aquellos posts, publicados en septiembre de 2015 y octubre de 2016, también aludíamos al enredo de Buddy Holly con las compañías de discos, que le llevaron a mantener dos carreras discográficas simultáneas con sellos diferentes: una en solitario (Coral) y otra bajo el nombre de The Crickets (Brunswick).

That’ll be the Day” es uno de los temas más conocidos del norteamericano, con más de un millón de ventas en los Estados Unidos al poco tiempo de su lanzamiento. La idea de esta canción se gestó en junio de 1956, cuando Buddy Holly, Jerry Allison y Sonny Curtis fueron al cine a ver la película de John Ford “Centauros del Desierto” (1956), en la que el personaje de John Wayne utilizaba repetidamente esta frase. La primera grabación de esta canción se produjo en julio de 1956, por Buddy Holly & The Three Tunes para la discográfica Decca Records (aquí la podéis escuchar); esta compañía, descontenta con los anteriores discos de Buddy, decidió no comercializar el single, aunque consintió en que la canción fuera incluida en el álbum de Buddy Holly titulado igual que la canción, publicado en 1958. Para entonces, Holly había vuelto a grabar la canción, esta vez con Brunswick -es el vídeo con el que encabezamos esta entrada-; para salvar la obligación que tenía Buddy de no grabar esas canciones con otras discográficas durante el plazo de un año, el productor Norman Petty concedió los créditos artísticos del registro al grupo The Cricketts, en lugar de a Buddy Holly. En este single de The Crickets figuran como autores del tema el propio Holly, Jerry Allison y Norman Petty, aunque el productor realmente no intervino en el proceso creativo de la canción. El sencillo se publicó en mayo de 1957, y tuvo tanto éxito que obligó a Decca a lanzar también la grabación original, apenas cuatro meses después del registro de los Crickets.

Además de estas dos grabaciones, también me parece interesante que conozcáis la que se realizó en directo, en el “The Ed Sullivan Show«, en diciembre de 1957, también bajo la etiqueta de The Crickets. Por su importancia histórica, me gustaría que escucharais la versión de la banda The Quarry Men, formación a partir de la cual surgieron los Beatles; fechada en 1958, parece que fue la primera grabación de este grupo. Por supuesto, existen más versiones; aunque sólo os voy a proponer dos, en estilos diferentes, las debidas a Linda Rondstad y a la banda de hard rock Foghat.

Laura Nyro. “Stoney End”

“Stoney End” (1971) fue el duodécimo álbum de Barbra Streisand, uno de los más conocidos y exitosos de la cantante estadounidense. Los once temas que integran el disco fueron compuestos por cantautores contemporáneos, como Joni Mitchell, Gordon Lighfoot, Barry Mann y Cynthia Weil, Randy Newman, Carole King, Harry Nilsson, Barbara Keith y Laura Nyro, ésta última con tres canciones: “Hands of the Mann (Flim Flam Man)”, “Time and Love” y “Stoney End” (ésta es la versión de Barbra), que fue lanzada en Estados Unidos -con gran éxito- como sencillo principal. La primera grabación de este tema fue la de la autora, incluida en su álbum de debut (“More Than a New Discovery”, 1967), aunque existe una grabación anterior (aquí la tenéis), publicada como single en 1966, creo que con una letra algo diferente. Se ha especulado bastante sobre el posible significado de esta canción; en ella se alude a la madre, a la Biblia y a la dificultad para salirse del camino marcado para una mujer en determinados ambientes rurales de la América profunda; si queréis leer más sobre este asunto, podéis entrar en la web Song Meanings. Entre las versiones de esta canción anteriores a la de Barbra Streisand, también podemos mencionar las debidas a The Blossoms (de 1967), Linda Rondstad & The Stone Poneys y Peggy Lipton, éstas dos últimas publicadas en 1968; en cuanto a las posteriores, citaremos las de Salena Jones, Martha Pendleton, Diana Ross y Sara Bareilles.

A pesar de la gran calidad de estas versiones, hoy he preferido no restar protagonismo a Laura Nyro, una cantante excelente, con un timbre precioso y un rango vocal soberbio; y una de las mejores compositoras de su generación, aunque no sea tan conocida como Joan Baez, Joni Mitchell o Carole King. Nacida como Laura Nigro, esta neoyorkina del Bronx era hija de un afinador de pianos y trompetista de jazz, y de una contable, que la educó en valores progresistas y de conciencia social. En cierto modo, Laura Nyro fue una adelantada a su tiempo, pues era bisexual, feminista y, a finales de la década de 1980, se había convertido en vegetariana y en activista en favor de los derechos de los animales. Falleció el 8 de abril de 1997, víctima de un cáncer de ovario, cuando apenas tenía cuarenta y nueve años. Aprendió a tocar el piano ella sola cuando era una niña y, desde muy joven, leía poesía y escuchaba los discos de Nina Simone o Billie Holiday de su madre. Compuso sus primeras canciones a los ocho años, de adolescente cantaba con los amigos en la calle y en las estaciones de metro y, a los diecinueve, ya había grabado su primer single, precisamente nuestra canción de hoy, que ocupó la cara B del sencillo comercializado con el tema “Wedding Bell Blues”. De su genio creativo se beneficiaron artistas y grupos como Peter, Paul & Mary, The 5th Dimension, Blood, Sweat & Tears, Barbra Streisand, Rosanne Cash, Julie Driscoll, Brian Auger & The Trinity o Suzanne Vega, que incorporaron a su repertorio temas escritos por Laura Nyro.

Los Coronas. “Drama West”

Los Coronas es el nombre de una banda de surf rock madrileña, del barrio de Malasaña, probablemente la más importante de este estilo en España. Son unos habituales de este blog, sobre todo en los días dedicados a versiones, suerte en la que son unos consumados especialistas; véase, por ejemplo, su desempeño en temas como “La cárcel de Sing Sing”, “Flamenco”, “Wish You Were Here”, “Day Tripper”, “Telstar” o “Wipe Out”. En la entrada que dedicamos al concierto celebrado en el Teatro Barceló de Madrid, el 20 de abril de 2018, señalábamos que su directo es irresistible, ofrecen un roncanrol de gran calidad, “optimista, generoso, sincero y original por lo heterodoxo de su planteamiento, como si hubieran mezclado en una coctelera a Dick Dale, The Ventures, Los Rodríguez, Tarantino, Ennio Morricone, Peret, los trompetistas mariachis y la pachanga sesentera. Y a pesar de lo que podríais pensar ante semejante mezcolanza, el resultado es sorprendente, divertido y estimulante”.

Tal y como indican en su página web (si buscáis más información sobre este grupo, os recomiendo la web Imperdibles y Creepers), toman el nombre de Corona, localidad en la que Fender situó su producción de guitarras. La banda fue fundada por Fernando Pardo (guitarra) en 1989, al tratar de “poner en marcha un proyecto rock’n’roll ‘con mucho reverb y el puro ritmo surfero de Dick Dale’”; a él se uniría David Krahe -sobrino del cantautor Javier Krahe-, también guitarrista; el resto de la formación ha experimentado diversos cambios hasta llegar a la alineación actual, la que ya se puede considerar como más característica de este grupo de surf rock instrumental: Roberto Lozano “Loza” (batería), Javier Vacas (bajo) y Yevhen Riechkalov (trompeta), además de los ya mencionados Pardo y Krahe a las guitarras. Después de publicar varios discos (“Tormenta” -EP-, 1992; “Los Coronas”, 1995; “Gen-U-Ine Sounds”, 1996; “Caliente Caliente”, 2004; y “El baile final de los locos y los cuerdos”, 2009), decidieron unirse a los vallisoletanos Arizona Baby para realizar una gira conjunta denominada “Dos bandas y un destino”, que dio lugar a un disco en directo con el mismo título, publicado en 2010. Poco después, ambas formaciones acabarían fusionándose en una, con el nombre de Corizonas; bajo esta denominación grabaron “The News Today” (2011).

En 2013 volvieron a publicar otro disco (“Adiós Sancho”), sin los componentes de Arizona Baby, aunque en 2016 aún lanzarían un nuevo trabajo bajo la marca Corizonas, el titulado “Nueva dimensión vital”. Un año después, Los Coronas sacarían otro disco al mercado, “Señales de humo” (2017) –aquí lo podéis escuchar-, del que hemos extraído el tema con el que encabezamos esta entrada: “Drama West” (no os perdáis el vídeo, es muy divertido). En una entrevista concedida por Los Coronas a la web Mariskal Rock, en octubre de 2018, Manu Gamarra les preguntaba si no habían recibido ninguna llamada de Quentin Tarantino desde que este director se había “metido en un rollo más western” (recordamos que, con anterioridad a 2018, había realizado “Django desencadenado” -2012- y “Los odiosos ocho” -2015); David Krahe respondió: “¿Pero de él o de nosotros? (risas)”, mientras que Javier Vacas reconoció que había llegado a contactar “con la supuesta persona que propone cosas sobre música, pero no ha habido respuesta. Además, las quería en cinta de casette, no escucha otra cosa (risas). Tenemos un tema perfecto, que es “Drama West”.

Queen. “Bohemian Rhapsody”

A Night at the Opera” (1975) es el cuarto álbum de estudio de los británicos Queen, uno de los más conocidos y exitosos de esta banda, y el que les ayudó para ascender al Olimpo del rock. Grabado entre agosto y noviembre de 1975 en diferentes estudios londinenses y de Gales, contiene un puñado de canciones que son historia del rock; temas tan recordados como “Love of My Life” -que ya fue objeto de una entrada anterior-, “Death on Two Legs”, “You’re My Best Friends”, “God Save the Queen”, “I’m In Love With My Car” o “Bohemian Rhapsody”, probablemente la canción más escuchada y famosa de este inolvidable grupo, formado por Brian May (guitarra), John Deacon (bajo, teclados), Roger Taylor (batería y percusiones) y Freddie Mercury (voz, piano), una de las grandes voces del rock, fallecido a los cuarenta y cinco años. Cuando se publicó “Bohemian Rhapsody” en formato single, permaneció en lo más alto de las listas británicas durante nueve semanas, volvió a ocupar el número uno en 1991, tras la muerte de Freddie Mercury, y han vuelto a resucitar el tema en 2018, con motivo de la película del mismo nombre que la canción, un drama biográfico musical sobre Freddie Mercury y Queen, dirigido por Bryan Singer y protagonizado por Rami Malek y Gwlym Lee en los papeles de Mercury y May (espectacular el parecido), respectivamente.

Esta inmortal melodía, con alusiones a Scaramouche, Galileo, Figaro o Belcebú, fue compuesta por Mercury a partir de tres canciones diferentes, finalmente ensambladas en una. Al contrario de lo que solía suceder con casi todos los temas de Queen, “Bohemian Rhapsody” no tuvo su origen en el estudio de grabación -con todos los miembros de la banda implicados-, parece que siempre estuvo presente en la cabeza de Freddie, de hecho, escribió la mayor parte de la canción en su casa de Holland Road (Londres); según algunos autores, su intención fue escribir “una suerte de ópera, algo fuera de las normas de las canciones de rock, y sigue la lógica operística: coros de muchas voces alternados con solos similares a arias, las emociones son excesivas y la trama confusa” (Judith Peraino). Tardó en grabarse varias semanas, en sesiones maratonianas que dieron lugar a un total de ciento ochenta registros diferentes. La grabación que finalmente se comercializó en el álbum “A Night at the Opera” tenía una duración de casi seis minutos, repartidos según la siguiente estructura musical: una introducción a capela, una parte en forma de balada al piano, un espectacular solo de guitarra a cargo de Brian May, un segmento operístico, otro hardrockero y una coda final; en definitiva, una obra que fluctúa entre la ópera rock, la balada y el rock progresivo.

En cuanto al significado de su letra, se han propuesto muchas interpretaciones (aquí podéis leer algunas); sin embargo, quizás sólo sea “un sinsentido aleatorio y rítmico”. El propio Mercury reconoció que es “una de esas canciones que tienen un aura de fantasía alrededor. Pienso que la gente simplemente debería escucharla, pensar en ella y luego formar su propia opinión acerca de lo que les dice … ‘Bohemian Rhapsody” no salió de la nada. Hice algunas investigaciones, porque está pensada para ser un modelo de ópera, ¿por qué no?” Brian May explicó que, entre los integrantes del grupo, había una regla no escrita, según la cual “el significado de la canción era un asunto privado de su compositor (…) [Freddy] nunca nos explicó la letra, pero creo que puso mucho de sí mismo en ella”. Aunque existen muchas versiones de este clásico del rock (aquí tenéis algunas), esta vez prefiero finalizar con algunos directos de Queen interpretando “Bohemian Rhapsody”, en concreto los publicados en los álbumes “A Night at the Odeon – Hammersmith 1975” y “Live Killers” (1979), y las actuaciones del “Live at Rock Montreal” (1981), “Live Aid” (1985) y Wembley 1986. Tampoco os perdáis este vídeo, un interesante montaje en el que podemos ver una pantalla partida, a la izquierda escenas de la película “Bohemian Rhapsody” (2018) y, a la derecha, imágenes reales del “Live Aid” (1985).