Susan Santos. «Rattlesnake» / «Skin & Bones» / «Stop Drivin’ Me Crazy»

«Dices que eres músico y la siguiente pregunta es: sí, ¿pero a qué te dedicas?» Esta frase pertenece a Susan Santos y, según cuenta en esta entrevista ofrecida por lennon.es, tiene mucho que ver con la percepción que se tiene del oficio de músico en España. Hace algunas semanas os hablaba de Friday Frolics, un excelente grupo de folk-celta que, a pesar de su calidad, apenas es conocido; con Susan Santos ocurre algo parecido, es una de las mejores guitarristas que tenemos en el país (yo al menos no conozco ninguna mejor), compone sus canciones, canta bien y es pionera en España de un género, como el blues, habitualmente dominado por hombres. Una vez más, tengo que dar las gracias a la amiga Marta, la persona que más sabe de rock hecho por mujeres, por aquella invitación que me hizo para participar en un crowdfunding, que Susan Santos había lanzado con el objetivo de obtener fondos para grabar su cuarto disco de estudio, «Skin & Bones» (2016); es la primera vez que participo en un proyecto de micro-mecenazgo y, he de decir, que me ha gustado mucho la experiencia; tengo la sensación de haber apoyado una causa justa, de una manera más eficaz y provechosa para el músico que limitándome a comprar su disco. Según nos cuenta en su página web, Susan aprendió de manera autodidacta; y, tras pasar por varios grupos, en el año 2009 deja su trabajo de profesora de guitarra para trasladarse a Madrid. Ha tocado en salas importantes y ha compartido escenario, tanto en EE.UU. como en Europa, con figuras tan destacadas como Jimmie Vaughan, Joe Bonamassa, The Fabulous Thunderbirds, Joe Lois Walker, Buddy Whittington o Sugar Blue. El blues-rock de Susan es cálido y elegante, con pinceladas procedentes de otros estilos como el country, el funk, incluso el jazz fusión; es zurda, toca tanto con púa como con los dedos y es una consumada especialista con el dobro, como puede comprobarse en este vídeo. Desde aquí podéis acceder a casi toda su discografía; para que la vayáis conociendo, os recomiendo estos tres temas de «Skin & Bones»: «Rattlesnake», el rockabilly «Skin & Bones» y el más blusero «Stop Drivin’ Me Crazy», mi corte preferido de este disco. Para que comprobéis su desempeño, aquí tenéis una actuación en directo, del año 2014, en los Conciertos de Radio 3. Lástima que Susan Santos haya nacido en España, si lo hubiera hecho en Estados Unidos se estaría hablando de la nueva Bonnie Raitt. El 17 de mayo hará la presentación de este nuevo disco en la madrileña sala Boite; ya tengo comprada la entrada, así que espero poder ir al concierto.

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Muddy Waters / Alexis Corner / The Allman Brothers Band. «I’m Your Hoochie Coochie Man»

La Exposición Universal de Chicago, celebrada entre mayo y octubre de 1893, tuvo como tema principal el cuarto centenario del Descubrimiento de América por Cristóbal Colón. Sin embargo, todo lo que tenía que ver con el «Orientalismo» gozaba de una gran aceptación entre la sociedad occidental de aquella época. Los promotores de la Exposición no dudaron en construir una pequeña villa egipcia, con su propio show («The Algerian Dancers of Morocco»), lleno de bailarinas que movían su cuerpo de una manera escandalosa a ojos del puritanismo americano; ni que decir tiene que fue todo un éxito y un gran negocio. Una de aquellas bailarinas, Spyropoulos, vestida como una zíngara y conocida como «Pequeño Egipto», destacaba sobre las demás; sus movimientos sensuales de brazos, caderas y cintura fueron muy imitados y difundidos en otras zonas del país por chicas ligeras de ropa, llamadas «hootchi kootchi dancers». El término «Hoochie Coochie» acabó empleándose para designar al baile ejecutado con las partes púdicas de la mujer y, por extensión, a todo lo que tenía que ver con el sexo o la práctica sexual. La letra de «I’m Your Hoochie Coochie Man» nos habla de sexo, de alguien con gran éxito entre las mujeres y, también, de magia como herramienta para la seducción. Fue escrita por Willie Dixon, en 1954, para Muddy Waters, el primero en grabarla; Dixon le debió decir algo así: tengo esta composición, coge la base musical, repítela y no te olvides de la letra; el resultado es una canción convertida en acto sexual, una de las obras fundamentales en la historia del blues. Por supuesto, la han interpretado otros bluesman norteamericanos, como Buddy Guy o Freddie King, además de bastantes músicos de british blues, como Eric Clapton, John Mayall, The Graham Bond Organisation, Mick Abrahams, Jon Lord with the Hoochie Coochie Men and Jimmy Barnes o Alexis Corner, uno de los padres del blues británico, que va a ser el segundo vídeo de hoy. También hay aproximaciones desde el género beat, por ejemplo la versión de Manfred Man; cercanas al hard rock, como las de Steppenwolf o Motörhead; y también en la órbita del rock sureño, es el caso de la tercera versión que destacamos, la de los estadounidenses The Allman Brothers Band, incluida en su segundo álbum de estudio: «Idle wild South» (1970).

Las Cinco Canciones de Raúl (V): “Wonderful Tonight” (Eric Clapton)

Cuando el amigo Salva me pidió esta colaboración para el ya desaparecido blog «Mentalparadise», no tuve muchos problemas en recordar rápidamente un puñado de composiciones que, de una u otra manera, han significado algo en mi vida. Bien diferente hubiese sido si esta aportación tuviera que ver con elegir mis cinco temas preferidos, entonces me hubiera bloqueado. Entre otras razones, elegí orientar mi blog hacia las canciones con el objetivo de responder a esta pregunta; ya van más de trescientos títulos y espero que mi particular lista de temas favoritos siga creciendo.

De las cinco canciones solicitadas las cuatro primeras, prácticamente agolpadas en mi adolescencia y primera juventud, entre los 14 y 18 años, se materializaron pronto: “Hotel California” (Eagles), “Shine con you crazy diamond” (Pink Floyd), “Highway Star” (Deep Purple) y «Mediterráneo» (Serrat); sin embargo, quedaba el resto de mi vida y una sola canción. Finalmente me incliné por “Worderful tonight”, de Eric Clapton, aunque me gustaría que también conocierais las otras (seguro que hay más, pero ahora mismo se me resisten a la memoria): “Tu nombre me sabe a hierba” (Serrat), “Paseando por la Mezquita” (Medina Azahara), “Nocturno” (Los Relámpagos), “Brothers in Arms” (Dire Straits), “Dust in the wind” (Kansas), “Year of the cat” (Al Stewart), “Una noche de amor desesperada” (Triana), “Luminosa mañana” (Triana), «I should I stay or should I go» (The Clash), “Those magic changes” (Sha-Na-Na), “La mataré” (Loquillo y los Trogloditas), “Stairway to heaven” (Led Zeppelin), “Jo vull ser Rei” (Els Pets), “La jument de Michao” (Tri Yann), “Mi agüita amarilla” (Los Toreros Muertos), “Voyage Voyage» (Desireless), «Deborah» (Noel Soto), «Castigo» (Leño). La mayor parte de ellas ya han ido apareciendo en estos dos años de vida de “La Guitarra de las Musas”, otras aún no lo han hecho; lo cierto es que atesoran muchos recuerdos y me ayudan rememorar determinados episodios de mi existencia.

“Wonderful tonight” es una de mis canciones preferidas que, además, siempre acude para recordarme mi tardío ingreso en el mundo del vinilo. Tuve mi primer tocadiscos (un sistema compacto con doble pletina y radio) a los 20-21 años, cuando estudiaba la carrera, sin embargo no tenía dinero para comprar discos por lo que acabé transformándome en un verdadero buitre. Mi objetivo era cualquier casa conocida que tuviera discos; los miraba todos y me llevaba aquellos que me interesaban para grabarlos en cinta; como tenía la buena costumbre de devolverlos a su propietarios, en unos pocos años ya contaba con una buena colección de casetes, aunque aún seguía teniendo pocos vinilos en propiedad.

Poco tiempo después de acabar mis estudios me puse a trabajar y, como no podía ser de otra manera, dediqué una parte de mi sueldo a comprar discos. Así empecé mi colección de vinilos; solía ir, un par de días por semana, a las clásicas tiendas que había entonces en Madrid (Discoplay, Madrid Rock, MF, La Metralleta, etc.), me pasaba las horas muertas mirando y mirando, preguntando y aprendiendo y, por supuesto, comprando. Recuerdo con mucho cariño aquella época en la que perdía la noción del tiempo en las casas de discos, como el excursionista que se extravía en una larga, intrincada y enigmática cueva. Muchas veces sabía lo que compraba, lo había escuchado o me habían hablado de ello, pero otras iba a la aventura, por intuición, movido por un deseo de vivir nuevas experiencias musicales.

Un día dí con “Slowhand”, conocía a Clapton y tenía referencias de la canción “Cocaine”, la primera de ese LP; me pareció fantástica, pero la que penetró en mí fue la segunda (“Wonderful Tonight”), un híbrido entre balada rock y melodía comercial que me abrió los ojos a nuevos retos musicales, a estilos diferentes a los que acostumbraba; me ayudó a mirar a la Música sin complejos ni ideas preconcebidas, sin ataduras estilísticas o tribales fundamentadas en la presunta calidad. Cuando empecé a poner canciones en la red no lo dudé, ésta tenía que ser la primera.

No quiero acabar sin recordaros que este espacio, «Las Cinco Canciones de tu Vida», está abierto a todos los que queráis participar. Ha sido un placer volver a recordar estos recuerdos con todos vosotros.

Eric Clapton. «Tears in Heaven»

El 19 de marzo de 1991 Eric Clapton había llevado a su hijo Conor al circo y al día siguiente iban a ir a juntos al Zoo; Clapton lo tenía que recoger en el apartamento de Nueva York donde estaban alojados junto con la actriz italiana Lori del Santo, esposa de Eric y madre de Conor. Según ha manifestado Lori en alguna entrevista, Conor estaba entusiasmado con los elefantes del circo y no paraba de correr y jugar al escondite bajo la vigilancia de la niñera, sobre todo durante el cuarto de hora que la actriz utilizó para evaluar una propuesta de trabajo que le acababa de llegar por fax. Conor se escapó del apartamento y consiguió entrar, a pesar de la oposición del portero, en la habitación donde éste estaba limpiando. Sea como fuere, acabó cayendo desde un piso 53 por la ventana que acababa de abrir el portero para ventilar el cuarto. En una entrevista concedida a Time, Clapton expresó con estas palabras la triste noticia que recibiría de su esposa: «Ese día el teléfono sonó y Lori me dijo que mi hijo estaba muerto. Traté de creer que era un error. Hasta que llegué al edificio y vi a la policía. Fui al sanatorio para reconocerlo. Luego, partí a verlo otra vez a la funeraria para disculparme por no haber sido un padre mejor» (consultado en www.elreporte.com.uy). Esta última afirmación tenía que ver con sus años anteriores, en los que estuvo más pendiente de acabar con sus adicciones que de compartir el tiempo con su hijo. Este duro golpe, lejos de hundirlo de nuevo en las drogas y el alcohol, fue su tabla de salvación; su deseo de honrar a Conor lo salvó. Unos meses después escribía una canción, junto con Will Jennings, que comenzaba con los siguientes versos: «Sabrías mi nombre si te viera en el cielo? ¿Sería lo mismo si te viera en el cielo?». «Tears in Heaven» fue sólo una canción que, al principio, Clapton utilizaba para aliviar su dolor, hasta que su amiga Lili Fini Zanuck la escuchó y le pidió que se la cediera para la B.S.O. de la película que estaba rodando («Hasta el límite«, 1991), aquí podéis escuchar la primera versión de este tema. Después, en 1992, se editó como single y formó parte del álbum «Unplugged» (1992), con el que «Mano Lenta» se quiso sumar a la fiebre por «lo desenchufado» propiciada por la cadena musical MTV. A pesar de manejarse sin su habitual guitarra eléctrica, consiguió hacer un gran álbum y, lo que es más importante, emocionó a todo el mundo con esta sencilla y estremecedora balada; es la versión que podéis ver en el vídeo de hoy; también tenéis ésta otra, con subtítulos en inglés y en español. Por supuesto, también han versionado este tema otros intérpretes, sin embargo me siento incapaz de escuchar una pieza tan íntima, un canto tan desgarrado y sincero, en boca de otros que no sean el padre de Conor.

The Animals / Joe Cocker / Gary Moore. «Don’t let me be Misunderstood»

A comienzos de 1965 una banda originaria de Newcastle-upon-Tyne (Reino Unido), bautizada con el explícito nombre de The Animals debido a la energía que desplegaban en el escenario, realizaba una fabulosa versión del tema «Don’t let me be Misunderstood» que un año antes había grabado Nina Simone para su álbum «Broadway-Blues-Ballads». Es curioso, porque no era la primera vez que el grupo liderado por el cantante Eric Burdon versionaba un tema que ya había sido interpretado por Nina Simone; en 1964 The Animals alcanzaban la fama gracias a una canción folk de autor desconocido, titulada «The House of the Rising Sun«, que también había sido grabada por la norteamericana en fechas relativamente próximas (1962). «Don’t let me be Misunderstood» es un tema ideado por el compositor Horace Ott, probablemente influenciado por una discusión que había tenido con su novia Gloria Caldwell, lo que podría explicar esa letra sobre alguien que pide perdón por un mal acto. Sin embargo, por motivos contractuales, Horace Ott no podía firmar la canción, por lo que se la ofreció a dos compañeros suyos, Bennie Benjamin y Sol Marcus, añadiendo en la autoría a la propia Gloria Caldwell. La canción fue ofertada a Nina Simone, una conocida luchadora por los derechos civiles de los afroamericanos; por ello, hay quien ha querido ver en la letra de esta canción una intención en este sentido; aquí os dejo la versión original de este tema con un vídeo en esta línea argumental. Como habréis podido comprobar, la propuesta de Nina Simone es muy lenta, de corte soul, con orquesta, arpa y coros al estilo góspel; mientras que la de The Animals -el primer vídeo destacado de hoy- es mucho más rápida, más rockera y con ese conocidísimo riff de guitarra que ha servido de inspiración al propio Bruce Springsteen para su tema «Badlands«. Una vez que The Animals sacaron esta canción del ámbito góspel-soul, han sido muchos artistas los que se han animado a versionarla y, de hecho, hay propuestas melódicas, disco (es muy famosa la de Santa Esmeralda, incluso apareció en la película de Quentin Tarantino «Kill Bill: Volumen 1») e incluso de tipo heavy metal. Yo os voy a proponer dos con fuerza y carisma; la de Joe Cocker, incluida en su magnífico álbum de debut («With a Little Help from my Friends», 1969) y la del guitarrista británico Gary Moore, que formó parte del disco «Dirty Fingers» (1983). También os recomiendo ésta de Eric Burdon, de su álbum «Sun Secrets» (1974), así como las debidas a The Moody Blues, Elvis Costello y Jamie Cullum.